La duración de los partidos de tenis

Los partidos excesivamente largos son un espectáculo demasiado selecto

La final del Open de Australia 2012 ha abierto el debate sobre la duración de los partidos de tenis. 6 horas de partido en una lucha constante pueden ser muy intensas y muy interesantes de seguir para los grandes aficionados y forofos del deporte y, evidentemente, abaratan el precio de una entrada para los privilegiados que pueden estar en la pista. Sin embargo, las televisiones, que son capitales en este y en todos los deportes, tienen graves problemas con programar un partido de tenis dentro de una parrilla convencional porque nunca saben cuándo va a acabar. Igual dura una hora que seis. El primero de los debates que surgen a raíz de este enfoque es cuánto debería ser el máximo permitido para un partido de tenis, aunque surgirían un montón de preguntas colaterales. ¿Cómo se puede acortar para que fuera equitativo en todos los casos? Como siempre, los dobles han sido los primeros en experiementar los cambios propuestos por el Consejo de Jugadores, la ATP o la ITF. Primero llegó la imposición del tiebreak, más adelante el súpertiebreak, pero se siguen planteando debates como acortar el número de juegos por set, dejar en un sólo servicio la opción del sacador, acortar el tiempo entre el final de un punto y el inicio del siguiente o los periodos de descanso. Se escuchan propuestas.

Tiempo indeterminado

El principal problema de un partido de tenis, con respecto a otros deportes es que el tiempo no está estipulado en el reglamento. Se sabe cómo se tiene que acabar un partido, con la victoria de un jugador o una pareja después de conseguir los sets estipulados y estos, a través de los juegos que refleje cada torneo. El primero que llegue a seis juegos con una ventaja de dos con respecto a su oponente, o a siete, si el rival consigue 5. Si no, un tiebreak que se definirá al primero que consiga 7 puntos con dos de ventaja sobre el rival. Si no, cuando finalmente se consiga tal ventaja.

Claro que esto deja unos márgenes muy amplios en el tenis. Un jugador o jugadora muy superior a su rival puede finiquitar un encuentro en menos de una hora. Pero también se pueden alargar los partidos hasta puntos insospechados.

Posibles soluciones

La primera de las posibles soluciones para limitar el tiempo de un partido de tenis es acortar el tiempo que se concede entre la finalización de un punto y el inicio del siguiente. O para ser más correctos y concretos, se podría ser más escrupulosos con los tenistas en el cumplimiento de la regla. Es muy significativo ver que los partidos más largos de la historia de dos, tres y cuatro sets, siempre está presente el mismo jugador, Rafael Nadal, del que más tarde daremos algunas pistas y características. Un jugador tiene 25 segundos para poner la bola en juego una vez ha acabado el último punto. El problema físico es a partir de qué momento se considera que el punto ha acabado. Y las circunstancias que hacen del final de punto algo excepcional. Una reclamación, un challenge, la rotura de un encordado o de una raqueta, que se tengan que atar las zapatillas... Mil excusas que pueden demorar un punto. La clave, quizá, en este apartado, sea dar un entorno global y "una sensación de que se respeta la norma". En definitiva, que el árbitro sea más preciso con sus "warnings" a un jugador cuando vea que éste está demorando constantemente sus servicios.

Después están la aplicación de nuevas reglas que podrían ser perjudiciales para el espectáculo. Para empezar, por ejemplo, que el número de juegos que tuviera que conseguirse para ganar un set fueran menos. Que el vencedor del set fuera el mejor de 5 ó de 4. Que los tiebreaks fuera, a partir del 4-4, para dejar el marcador con 5-4.

Otra de las propuestas que se han lanzado muy tímidamente al aire es que los jugadores sólo dispusieran de un servicio. Esto eliminaría una de las partes más importantes del tenis hoy en día y la principal arma de algunos jugadores. Los sacadores tendrían menos opciones, las estrategias cambiarian y los breaks serían constantes. En principio no parece una buena medida porque, en este caso, el saque no sería ninguna ventaja. Más bien, habría que plantear que el que mantuviera el servicio sería quien tomaba la delantera en un set o un juego.

Algunos récords notables

El partido entre Rafael Nadal y Novak Djokovic en la final del Open de Australia fue el más largo en una final de Grand Slam. El serbio se impuso finalmente por un marcador de 5-7, 6-4, 6-2, 6-7 (5) y 7-5 después de más de 5 horas y 53 minutos de juego. El récord anterior lo tenían Mats Wilander e Ivan Lendk que estuvieron 4 horas y 54 minutos en la pista para dirimir el ganador del US Open de 1988. Wilander también fue el protagonista de la final más larga que se había vivido en la Rod Laver Arena, cuando tardó 4 horas y 27 minutos en imponerse a Pat Cash en cinco sets también en 1988.


Sin embargo, el segundo partido más largo en Australia fue el que disputaron Nadal y Verdasco en las semifinales de 2009. Considerado por muchos uno de los mejores partidos de la última década, el balear se acabó imponiendo en cinco sets después de 5 horas y 14 minutos de grandes puntos, peloteos intensos y momentos de nerviosismos dignos de recordar.

De los récords más notables nos podemos quedar con el único Golden Set del que se tengan noticias documentadas. El Golden Set es una “rara avis”, se trata de un set en el que uno de los dos contendientes gana todos los puntos para dejar al rival a cero completamente. En tenis profesional sólo se tiene constancia en un partido del WCT Gold Coast Classic en Delray Bach, Florida, el 22 de febrero de 1983. Lo consiguió el estadounidense Bill Scanlon contra el brasileño Marcos Hocevar.
El juego más largo en un partido individual masculino lo protagonizaron Anthony Fawcett contra Keith Glass. Fue en un partido del Torneoo de Surrey, en Inglaterra, el 26 de mayo de 1975. Duró 31 minutos y tuvo 37 iguales, “deuces”, (80 puntos).
Del juego más largo del que se tienen noticias se produjo el 12 de febrero de 1984, en los Campeonatos Indoor de Alemania, en Ende, allí Noell Van Lottun y Sandra Begijn jugaron un juego durante 52 minutos en las semifinales.

Para quien piense que esto sólo puede ocurrir en partidos masculinos, vale el ejemplo de el partido femenino más largo de la historia. Lo protagonizaron Francesca Schiavone y Svetlanda Kuznetsova. La italiana acabó imponiéndose a la rusa por 6-4, 1-6 y 16-14 después de más de 4 horas y 44 minutos de batalla. Ambas se mostraron muy orgullosas de haber superados sus límites y de haber exprimido su capacidad agonística. También en esta edición del Open de Australia.

La fórmula del tie-break tampoco es una garantía de éxito si se toma como referencia el que disputaron el 1 de julio de 1985 January Gunnarson y Michael Mortensen contra John Frawlye y Vitro Pecci. En una primera ronda de Wimbledon quedaron 26-24.
Incluso un peloteo se puede hacer interminable. En octubre de 1984, Vicky Nelson y Jean Hepner, en Richmon, pasaron la pelota por encima de la red al campo contrario hasta 643 veces. El partido duró 6 horas y 22 minutos. El tiebreak lo ganó Nelson tras 74 minutos. (13-11) al final.
Como es conocido por todo el mundo, por la proximidad en el tiempo, el partido más largo de la historia lo disputaron Isner y Mahut, (con el tanteo reflejado en la primera foto del artículo). Tres días en juego y 11 horas y 5 minutos peleando sobre la pista. El marcador final, que batió todos los récords fue de 70-68. Sólo con lo conseguido por Mahut en este último juego podría haber ganado más de 11 sets. Suficientes para pasar casi 4 rondas. Sin embargo, cayó en la segunda.
Sin embargo, también pasará a la historia el partido al que derrocó esta animalada de encuentro. Anteriormente, Fabrice Santoro tardó 6 horas y 33 minutos en deshacerse de Arnaud Clement en Roland Garros (6-4, 3-6, 6-7 (5), 3-6 y 16-4). Anteriormente, el partido más largo lo habían protagonizado McEnroe y Mats Wilander en la Copa Davis de 1982.


Nadal, en demasiadas estadísticas


Podría resultar curioso ver a Rafael Nadal en la mayoría de los registros más largos de partidos de la historia cuando se trata de un jugador moderno. Sin embargo, no es casualidad. El balear, aparece en la lista de partido más largo en una final de Grand Slam, (Australia 2010), en el partido más largo a 2 sets; Masters 1000 de Miami (2009), en octavos de final y con Wawrinka como rival. 7-6 (2) y 7-6 (4) en 2 horas y 43 minutos.


También en el partido más largo de la historia de tres sets; en el Masters 1000 de Madrid 2009. Tardó 4 horas y tres minutos en derrotar a Djokovic. 3-6, 7-6 (5) y 7-6 (9).

Y, cómo no, también tiene el partido má largo a cuatro sets. Rafael Nadal derrotó a Paul Henri Mathieu por 5-7, 6-4, 6-4 y 6-4 en Roland Garros de 2006. Era un partido de tercera ronda y el español tardó 4 horas y 53 minutos en poder liquidar al tenista local.

Cuando una rutina se repite no es una casualiad, sino una causalidad. Y ésta es que Nadal es un hombre tremendamente metódico en sus rutinas de comportamiento en un partido. Alarga eternamente sus movimientos de saque y suele violar la regla de los 25 segundos, casi en cada punto. La preparación para el saque no sólo es una parte para estudiar la estrategia que va a emplear en cada punto sino que es su estrategia de todos los partidos.

Los peloteos largos para producir desgaste en sus rivales también. Nadal es muy preciso y comete muy pocos errores no forzados. Su táctica de desgaste sobre un golpe de cualquiera de sus rivales es metódica y machacona. Rafa no tiene prisa por ganar ningún punto. Si no encuentra el momento de conectar el winner, mantiene arrinconado a su rival insistiéndole sobre su punto débil conocedor de sus recursos. A veces, un auténtico aburrimiento.

Conclusión

Para finalizar, haremos una valoración sobre la duración de los partidos de tenis. Personalmente encuentro muy atractivos partidos a 5 ó 6 horas, sobre todo si el partido está igualado por un nivel alto: Si está igualado por un nivel bajo, ni el más forofo de los seguidores de tenis puede estar contento con que se alargue una eternidad, por eternos peloteos sin mordiente y sólo buscando erroes del oponente. Sin embargo, un partido como el de las semifinales del Open de Australia de Djokovic contra Murray o la mismísima final, podrían alargarse tanto como la capacidad física del tenista dé. Cortar o acortar este tipo de partidos sería una auténtica pena. Sin embargo, el mercado y el consumidor reclama más acción. Más puntos importantes y, de alguna manera, "menos paja".

No hay una fórmula válida para acortar encuentros y los partidos de Grand Slam y Copa Davis, donde los puntos son importantes, se van a seguir disputando a 5 sets, y sin tiebreak en el quinto. Se mantiene así porque hay mucho en juego en estos encuentros como para dejar un torneo de estas características en manos de un mal punto o de dos puntos arriba o dos puntos abajo. Al menos, un break de distancia después de tantas horas en juego.

El tenis se resiste a la fórmula de "los penaltis" del fútbol. Dejar en manos de un especialista, de un servicio o de una bola milimétrica la decisión de uno de esto partidos tan importantes. Sin embargo, habría que reflexionar a la posbilidad de poner súper-tiebreaks en partidos puntuales. En probar nuevas fórmulas o en tratar de acortar encuentros que, obviamente, no pueden atraer el interés de nadie por encima de las dos hora. No hablamos de "tenis relámpago". Tampoco de la influencia o velocidad de las pistas, que será otro tema a debate, pero baste observar que Australia y Wimbledon tienen varios récords también.

Sin embargo, también hay que entender que la televisión, una de los principales motores económicos de este negocio, comience a preocuparse por esta situación. Un partido de 6 horas es, comercialmente, imposible de vender. Sólo los más entendidos o forofos del deporte pueden mantener su anteción durante 6 horas, una cuarta parte de un día, entero, viendo un sólo evento deportivo.Sin embargo, la preparación física de los nuevos jugadores hace posible ver calidad después de muchas horas compitiendo. No es fácil tomar una decisión.

Se aceptan propuestas...

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