Mathieu vuelve a la competición; Prefiere jugar de pie que morir de rodillas

Vuelve a luchar por un hueco en la élite con las rodillas como talón de aquiles

Mathieu en su último torneo, San Petersburgo 2010/Foto:lainformacion.com/Getty I
Mathieu en su último torneo, San Petersburgo 2010/Foto:lainformacion.com/Getty I

Paul Henry Mathieu vuelve al tenis. Lo hace por su espíritu inquebrantable y para demostrar alguno de los valores más importantes que tiene el tenis como deporte. La superación de una persona de sí misma. Mathieu fue uno de los jóvenes valores más prometedores de Francia. Ganó Roland Garros como júnior y ganó el corazón de los aficionados galos que veían en el chaval de Estrasburgo un sucesor para Noah, un nuevo ganador de su torneo en la tierra batida de la Philipe Chatrier de París. Mathieu, nunca lo ha consiguió. Sin embargo, el chico siempre fue muy querido en Francia. Todo lo que ganó lo hizo con su esfuerzo y a través de superar el infortunio de sus lesiones. Al final de 2010 sus rodillas dijeron basta. Después de innumerables problemas y molestias insoportables, Mathieu abandonó el circuito para operarse de ambas rodillas y tratar de recuperar un nivel del que estaba muy alejado en sus últimas comparecencias. En Basilea dijo, adiós. Sonó a un hasta siempre, pero, afortunadamente, ha sido un hasta luego. Vuelve Mathieu. El francés de espíritu indomable. Lo hace en Montpellier, Francia, en pista dura cubierta.

Un perdedor querido

Mathieu no logró acabar de concretar como profesional los éxitos que se le auguraban como júnior. Su tenis, muy vistoso y con golpes de enorme calidad, cautivaron al público francés que siempre creyó en él como una alternativa real a poder ganar un Grand Slam. No pudo ser. En sus mejore momentos siempre se encontraría algún jugador intratable que le privaría de mayores retos. Su superficie favorita siempre fue la tierra batida donde su juego de fondo era peligrosísimo. Sin embargo, sus dos primeros títulos los consiguió sobre moqueta en pistas indoor. Lyon y Moscú en 2002.

Dos títulos más le llegarían en 2004 en Suiza, Gstaad y Casablanca, Marruecos, sobre la tierra batida que siempre le espera. Sin embargo, su mejor clasificación en el ranking no le llegó a través de los títulos si no de su excelente juego en 2008, cuando llegó a rozar el Top 10, hasta la duodécima posición.

Sin embargo, su estigma quedó marcado por las importantes derrotas que sufrió como jugador de Copa Davis con su país. En cuartos de final jugó en 2007 contra Rusia consiguió el primer punto para el equipo galo, pero perdió el quinto y definitivo contra Marat Safin. Dos años más tarde, en 2009, contra Estados Unidos, no pudo conseguir ninguno de los dos puntos ni contra Roddick ni contra Blake.

En Francia, sigue siendo un jugador muy querido y en el circuito también.

Lleva preparándose un año y dos meses para volver a las pistas. Con trabajo durísimo, fortaleciendo su tres superior y con una lección de humildad y trabajo oscuro, vuelve a la máxima competición. El tenis necesita héroes anónimos. Mathieu, lo intentará mientras sus rodillas le permitan estar de pie, como deben de morir los grandes.


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