Murray pone a prueba su rol en el circuito; Su primer Grand Slam

Murray busca romper límites contra Djokovic. Foto:lainformacion.com/Europapress

Murray busca romper límites contra Djokovic. Foto:lainformacion.com/Europapress

Andy Murray tiene en las semifinales de Australia el primer gran momento para poder demostrarse a sí mismo y al resto del mundo que quiere dar un paso adelante en su carrera deportiva. El británico tiene que quitarse el rol de comparsa y de jugador de élite a la sombra de los mejores. Desde que es júnior, el mundo espera del escocés que alguna vez se asome al número 1, pero el circuito ATP, hoy, no regala nada. De hecho, con toda su calidad y con todos sus recursos, no es capaz de pasar del número 4, y ya no es ningún juvenil. Djokovic, su rival, dio un paso definitivo el año pasado. Evolucionó en su juego, aprendió a sufrir y a defenderse y mejoró sus porcentajes en bolas ganadoras para minimizar sus errores no forzados. A Murray se le espera en el panorama internacional para algo más que ser el telonero de las grandes finales. Tiene dos pasos por delante. El primero, sacudirse a Djokovic de encima y el segundo, derrotar a Rafael Nadal para conseguir su primer Grand Slam. El reto está servido.

Murray entre Ferrer y la gloria

El tenis es muy cruel y aquí sólo vale la victoria. Una derrota te lleva a otro torneo y una victoria al siguiente partido. Sin embargo, hay jugadores que nacen con estrella y que parecen encaminados a coger una parte de gloria. Pero el cielo no puede esperar. Murray cierra el cuarteto que todo el mundo ha querido denominar Top 4 y que en puntodebreak.com denominamos Big4. Claro que no hay grandes diferencias entre Andy Murray y David Ferrer. En realidad, que el británico sí gana finales de Masters 1000, y títulos importantes y sí que juega finales de Grand Slam, pero no deja de ser cierto, que el papel intrascendente y casi de segundo plano que encabezan David Ferrer, Jo-Wilfred Tsonga, Gael Monfils o el mismísimo Juan Martín Del Potro, se le podría asignar a un hombre que tiene los mismos Grand Slams que todos ellos. Bueno, en realidad, uno menos que el argentino.

Los grandes tenistas lo son, no por llegar a semifinales y hacerles partidos complicados a los mejores, si no por ganarles. Y en esta asignatura, Murray todavía tiene un suspenso.

Evidentemente, a medida que se avanza los escalones son más altos y más complicados, pero, la temporada pasada jugó cuatro semifinales de Grand Slam y sólo logró ganar la que le midió a un hombre que estaba por detrás de él en la clasificación. ¿Esto es todo lo que puede dar el británico?

Los grandes especialistas consideran que el escocés tiene tenis, talento y talante para conseguir metas más altas. Pelear por el número 1 del mundo y ganar los más grandes torneos. Pero cada vez que Andy llega a algún torneo gordo con opciones, medra. Se hace pequeño, se le encoge el brazo y deja de jugar como un líder.

París y el Masters de Londres, en el recuerdo

De Murray quedan muchas cosas buenas en el recuerdo y que el año pasado ascendió, momentáneamente hasta el número 3 del ranking. Pero justo cuando parecía en su mejor momento, el británico se amilanó. Dio un paso atrás. Fue incapaz de aprovechar su inercia y dar un golpe encima de la mesa.

Después del US Open, donde volvió a perder la tercera semifinal consecutiva con Rafael Nadal, encadenó una imponente racha victoriosa que le concedió los títulos de Bangkok, Tokio y de Shanghai. Un ATP 250, un ATP 500 y su segundo Masters 1000 de la temporada respectivamente. En su cúspide, el calendario le llevaba a jugar en Basilea, la casa de Roger Federer a quien había descapitalizado y desbancado de la tercera plaza del ranking mundial. Inexplicablemente, aludió un problema en el glúteo para no jugar el torneo y abandonó la ciudad suiza por donde había venido.
Todo parecía apuntar a que su meta era estar al 100% después de su viaje intercontinental de Asia a Europa para asaltar el Masters 1000 de París y más tarde la Copa de Maestros, la Barclays ATP World Tour Finals que se disputaba en su ciudad de residencia Londres. Fracasó.

Cayó en cuartos de final de París ante Tomas Berdych en un partido que tuvo perdido, que remontó, como es costumbre en él y que, inexplicablemente, dejó escapar en el tercer set por sus propios errores. La derrota contra el checo llegaba más de dos meses y medio más tarde de su último partido perdido y dejó muy tocado moralmente al británico.

Londres le esperaba ansioso. La capital inglesa le ha adoptado como un hijo más y el Reino Unido tiene depositadas en él muchísimas esperanzas. En el incomparable marco del Millennium Dome, Murray iba a poner su talento al servicio del tenis y de las esperanzas de una nación. Defraudó. Perdió en su debut ante David Ferrer en un partido en el que nunca encontró el ritmo. Ferru lo llevó a su terreno y le derrotó en su territorio después de haber caído con él en Tokio y Shanghai. Otra vez, el tenis se quedó con su gran esperanza ahogada en una derrota. No quiso seguir. Volvió a anunciar molestias y abandonaba la temporada para centrarse en 2012.

Sin embargo, este año tenía nuevos planes. Contrató a un nuevo técnico, empezó de cero con Ivan Lendl y se puso manos a la obra para abordar su último gran reto. Ganar, por fin, un Grand Slam y tratar de pugnar, de tú a tú con los mejores, por el número 1 del mundo. La Rod Laver Arena le abre sus puertas a la esperanza. Pero la gloria tiene sus guardianes. Novak Djokovic. Aquí está el límite. ¿Es ésa su frontera?

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