Federer y las 1001 Noches contra Nadal; La clase contra la bestia

La presencia de Djokovic ha minimizado el gran duelo del milenio

Federer vs Nadal, semifinales Australian Open. Foto:lainformacion.com/
Federer vs Nadal, semifinales Australian Open. Foto:lainformacion.com/

El mundo del tenis ya está pendiente del duelo que medirá en la parte baja del cuadro a Roger Federer y Rafael Nadal. Para Federer será su partido 1001 en la ATP, y la verdad es que como en el cuento de Scheherazade, cada año, cada día, se repite una bella historia. La rivalidad entre Nadal y Federer nació el 28 de marzo de 2004 en el Masters de Miami, en NASDAQ-100. Por entonces, con Roger como número 1 mundial indiscutible, un joven imberbe rebelde, con pantalones piratas y sin mangas, se presentó al mundo para ser el primer insurrecto en la tiranía del helvético. La derrota pudo parecer algo pasajero, aunque, como hemos visto, en los 1000 precedentes, una derrota de Federer, siempre es noticia. El mérito de Nadal, es haberlo convertido en rutina y en haberlo, literalmente, aburrido. Desde entonces, Nadal y Federer, Federer y Nadal, han ido alternando victorias y derrotas. Muchas de ellas muy dolorosas para el afectado. Para el balear las dos consecutivas en Londres, en su torneo favorito, en Wimbledon, en 2006 y 2007. Y para Federer, la más recordada, precisamente en la Rod Laver Arena en 2009, cuando rompió a llorar. En total 26 choques; 17 victorias de Nadal y 9 de Federer. Un balance prácticamente de 3 a 1 de 75% a 25%.

Historia de una leyenda

Desde el primer choque se pudo ver que la táctica concienzuda y minuciosa de Nadal incomodaba como nadie a un Federer acostumbrado a dominar y ser superior a sus rivales.

Para Federer, el tenis es elegancia, ataque, golpes planos y recursos maravillosos. Todo aliñado con un saque poderoso y uno de los mejores reveses que se recuerde. Federer domina y gana por aplastamiento y por calidad. Por elegancia y velocidad de su bola. Nadal lo hace por desgaste. Por físico, por fuerza y en ocasiones por tozudez, por negar la derrota hasta en las últimas consecuencias.

Pronto Nadal comenzó a tomarle ventaja al número 1 del mundo en su particular cara a cara. Después de que en 2005 y en la misma superficie, el mismo torneo, Federer le endosara la primera derrota al balear. Claro que el partido ya no era tercera ronda, si no la final del Masters y a cinco sets. Federer descosió la resistencia de Nadal sólo en el quinto, tras un partido heroico que aventuraba lo que la historia tenía preparada. A Scheherazade aún le quedaban muchas historias por contar. Sin embargo, casi todos los guiones los escribiría Rafa desde el laboratorio del Tío Toni. Partidos largos. Preparación minuciosa. Casi desesperante. El ritual de las botellas, la toalla, muchísimo tiempo para pensarse cada jugada, cada saque y cada punto. Bolas altas al revés de Federer. Máximo top-spin y a dominar con su derecha cruzada. Federer jugaba incómodo, con un punto de impacto horrible para su golpe a una mano, y cada vez que pasaba al ataque parecía que la tierra congelaba su bola, la empastaba y le restaba velocidad para que llegara un titán de cualquier parte para contratacarle incluso con "passings" realmente imposibles o, al menos, inauditos.

Federer comenzó a sufrir una crisis y casi una pelea contra el fantasma de Nadal en tierra batida. Cinco victorias consecutivas dispararon a Rafa a un 6-1 doloroso. Cuatro victorias consecutivas en tierra batida, dos en Roland Garros y dos más en los Masters de Montecarlo y Roma, sin olvidar una más en Doha.

La tierra batida, la cruz de Roger

Las estadísticas de estos partidos hay que mirarlas diseccionadas para entender qué pasa entre Nadal y Federer. La mayor pate de su ventaja la toma Rafa cuando se ven los partidos que ambos han disputado en tierra batida. De las 14 veces que han jugado en esta superficie, Nadal ha ganado 12 y Roger Federer sólo 2. La final de Hamburgo de 2007, puso un punto y final a una tiranía que se alargaba con 5-0 en esta superficie. Inaceptable para un jugador que, además, es un verdadero especialista en arcilla. El problema es que Nadal le ha impedido llevar unas estadísticas impresionantes. Pero igual que Nadal no puede considerar una mala temporada por perder 6-0 contra Djokovic cuando éste se muestra imbatible para todo el mundo y gana en todas partes y contra todos los jugadores en cualquier superficie; Federer no puede considerar un fracaso rotundo perder más partidos contra Nadal en tierra batida.

Hamburgo sirvió de redención para el helvético que ya estuvo muy cerca de poder con el balear en Montecarlo, pero allí, todavía hoy, Nadal sigue imbatido.

Mientras tanto, Federer conseguía sacarse la espinita y la pesadilla de Rafa en los torneos de hierba, concretamente en Wimbledon, donde le ganó dos finales consecutivas, y en pistas de moqueta, en el Masters de Shanghai, en pista cubierta.

Sin embargo, el martillo pilón de Rafa seguiría percutiendo sobre Roger. En 2008 consiguió algo histórico, le derrotó en la Central del All England Club y sumó su primer Wimbledon ante el tenista que no conocía una derrota en aquella superficie ni en aquella pista desde hacía 4 años y en 2009, en la final del Open de Australia, en una superficie intermedia, entre las velocísimas de hierba y moqueta y las lentas de la tierra batida, Nadal volvería a ganar a Federer en una final. Otro Grand Slam. Para Federer fue demasiado; "It's killing me". ("Me está matando", balbuceó mientras rompió a llorar en una de las imágenes más recordadas de la historia del deporte).

2009, el año del cambio

2009 fue un año durísimo para Nadal. Afectado psicológicamente por diversos factores extradeportivos, (como la separación de sus padres), o por molestias crónicas en sus rodillas y articulaciones, perdió su primer y único partido de la historia en Roland Garros contra Robin Soderling y permitió que Federer, después de toda una vida para completar su Grand Slam, consiguiera la gloria en París.

La subida de Federer contrastó con la desaparición del mapa de Nadal que se tomó medio año sabático. Federer reafirmó su número 1, que había perdido a manos del balear en Londres, y volvió a creer en sí mismo. Además, consiguió su segunda victoria en tierra batida, en la final del Masters de Madrid, en España, y se quitó un gran lastre de encima.

Pero en 2010 volvió Nadal. Retomaron los duelos allí donde lo habían dejado, en la Caja Mágica de Madrid, pero con la tónica habitual de sus encuentros sobre arcilla, victoria del español. Roger le devolvió la moneda en Londres, en el Masters, pero no era si no una utopía. Nadal volvió a encadenar 4 victorias consecutivas en 2010 donde arrasó y se llevó, de nuevo Roland Garros y el US Open.

En 2011, todo parecía apuntar a un nuevo dominio de Nadal con victorias en Mubadala y Miami, y volvió a poder con él en el Masters de la Mutua Madrileña en la Caja Mágica y más tarde le infringiría su quinta derrota consecutiva en la final de París. Un auténtico martirio para el suizo.

El factor Djokovic

Sin embargo, no se puede estudiar los resultados entre ambos si no se tiene en cuenta el factor psicológico. En gran medida, a Federer se le ha levantado un muro cada vez que se encontraba enfrente de Rafael Nadal. En muchas ocasiones, el tenis es de cabeza, y cuando hay algún tipo de psicosis, es imposible levantar un partido, o simplemente, tus piernas y tus brazos no se dirigen donde deben.

Pero el mismo caso que tenía Federer con Nadal, le ha llegado ahora al balear con Novak Djokovic. La irrupción del joven talento serbio ha dado un vuelco al panorama. Nadal encadenó 6 derrotas consecutivas contra el balcánico el año pasado y comenzó a bajar su nivel en torneos donde antes se sentía dominador.

Su cabeza le pidió un descanso y tras perder en el US Open su sexta final consecutiva renunció, de alguna manera, a competir al máximo hasta final de temporada. Cambió su calendario, no jugó ni en Shanghai ni en París, (renunció a dos Masters 1000), y llegó muy mal de preparación a Londres para la Barclays ATP World Tour Finals. Allí, Federer le sacó de la pista en un partido sublime.

En la historia de Sheherazade faltaba el antihéroe para el propio antihéroe, o lo que es lo mismo, un nuevo protagonista en esta historia que ha pasado de un duelo de amor odio a dos bandas a un trío en toda regla.

Esta temporada ya hay un precedente, pero Mubadala no puede considerarse como tal, porque, en realidad, Federer no compitió. Guardó fuerzas para sacar sus armas en toda una semifinal de un Grand Slam. Y ya está aquí.

¿Favoritos?

Las casas de apuestas daban como favorito a Roger Federer por encima de Nadal en las posibilidades de ganar el torneo. Así que, sin duda, cotizará algo más bajo el suizo, aunque en realidad, las estadísticas no están a su favor.

Así que todo queda en cuestión de sensaciones. Federer llega después de arrasar a Tomic y Juan Martín Del Potro. Es muy buena señal para el suizo porque estos eran dos de las grandes amenazas que presentaba el cuadro para cualquiera de sus integrantes, y se los llevó en suerte el helvético. Claro que Milos Raonic también parecía poder discutir la hegemonía del Big 4, y no llegó. O Jo-Wilfred Tsonga, que viene de ganar títulos y partidos importantísimos, pero no. Federer se muestra intratable ante estos.

Sin embargo, el problema para Roger, de verdad, es el propio Nadal. Y esto es un problema más grave. Rafa llegaba con dudas, con molestias, con tendinitis, sin grandes resultados y sin grande sensaciones. Sin embargo, cuando el torneo le ha puesto a prueba y un gran tenista se ha cruzado en su camino, Tomas Berdych, Nadal ha respondido y ha estado a la altura de su fama. De su pelea y de su entrega. Ha levantado un partido contra un hombre que estaba por encima del 70% de primeros servicios después de una hora de partido. Y que había ganado el 87% de los mismos.

Berdych ha pegado y ha jugado al límite. Pero donde el checo traza la raya de sus fronteras comienza a alargarse la figura del español. Si Federer quiere derrotar a Nadal sabe que le va a costar muchos golpes ganadores. Un gran esfuerzo y un gran desgaste físico y psicológico.

La historia para no dormir contabilizará la 1001 en el circuito ATP. Y allí estará el encantador de serpientes para bajar el ritmo del partido, poner las botellas de agua alineadas, esperar un minuto por servicio y a meter su top-spin. La historia la conocemos, aunque cada vez nos cambia el final.

"Érase otra vez..."

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