Na Li pierde la confianza

La china sólo consigue buenos resultados en la cuenta del banco

Li cayó en 1ª ronda del Abierto de China/Foto: Feng Li/Getty/lainformacion.com
Li cayó en 1ª ronda del Abierto de China/Foto: Feng Li/Getty/lainformacion.com

Las grandes compañías se frotaban las manos en junio cuando Na Li se convertía en la primera persona asiática en ganar un Grand Slam de tenis. Su procedencia suponía la posibilidad de acercarse a un mercado difícil pero con un potencial abrumador; su personalidad encajaba perfectamente con la filosofía de la publicidad moderna: una imagen oriental con una mentalidad occidental, el tándem perfecto para conquistar China.

Los más rápidos fueron Nike, con quienes Li firmó antes de llegar a la final del Open de Australia de este año. Tras quedar finalista en Melburne, vinieron las ofertas con los relojes de Rolex, los helados de Haagen-Dazs y los coches de Mercedes Benz pero, tras convertirse en heroína nacional al ganar en Roland Garros, las empresas chinas también quisieron contar con los servicios de Li. La china firmó también con las marcas nacionales de los seguros de Taikang y el agua embotellada Kunlun, cuyo director, Yang Aixing, comentaba justo antes del inicio del Abierto de China que se celebra en Beijing, que lo que destacaba de Li era "su espíritu, su carácter y su actitud en la vida". Una actitud que le hará ganar este año, según las estimaciones de la agencia Bloomberg, unos 42 millones de dólares en contratos.

Na Li en una campaña de Nike para China

La número 6 del mundo -la nº5 hasta la semana pasada- superará en ganancias a la mismísima Maria Sharapova y también a la estrella de la NBA, Yao Ming. El "tirón" de Li es tal que su representante, Max Eisenbud, que también es el de Sharapova, incluso llegó a decir que podrían firmar "cinco contratos de patrocinio más pero sencillamente es que ella no tiene tiempo".

Los éxitos de Na Li este año han servido para situar a China en el nivel más alto del tenis mundial y ha incitado a muchos niños (que a escala china quiere decir realmente muchos) a jugar; un revulsivo para este deporte que supera al último precedente de un logro similar: el título de Roland Garros de 1989 del americano de origen chino Michael Chang -momento que además coincidió con los famosos incidentes de la plaza de Tianamen en Pekín. Sin embargo, la tenista se encargó ya en 2008 de desmarcarse abiertamente del sistema chino. Tras los Juegos Olímpicos en Beijing, Li abandonó el programa nacional de deporte al que le reprochaba la falta de incentivos para los deportistas. Esta renuncia significó que la jugadora tenía la libertad de jugar cuándo y como quisiese pero también que se tuviera que autofinanciar y buscar sus propias fuentes de ingresos. Na Li, con su tatuaje y su brutal honestidad, supone un puente económicamente muy goloso entre Oriente y Occidente pero también entre la Vieja y la Nueva China.

Precisamente ante esa China que Li representa, la tenista se despedía con la cabeza baja el pasado domingo. Abierto de China: último torneo importante del año, cuatro millones y medio de premio, mil puntos en juego, el segundo estadio más grande del mundo que se estrena para la ocasión... pero el público se queda sin su favorita nada más debutar.

Li tras perder 6-4, 6-0 ante Monica Niculescu/Foto: Feng Li/Getty Images/lainformacion.com

La jugadora china está sufriendo la misma "maldición del Grand Slam" que está afectando a Petra Kvitova (ganadora de Wimbledon 2011) -también perdió en su debut ante Sofia Arvidsson- y a Samantha Stosur (ganadora del US Open 2011) -eliminada hoy por Maria Kirilenko-, y no sabemos si hubiera caido también Kim Clijsters (ganadora del Open de Australia 2011) porque lleva meses de baja en su casa.

Los últimos resultados de Na Li deben estar haciendo sudar de preocupación a los nuevos patrocinadores de la superestrella china pero, evidentemente, también a la propia jugadora. Si Li no mantiene el nivel, quiere decir que desaparecerá de la cima del tenis femenino y, si desaparece, pierde dinero. Serena Williams, por ejemplo, durante su larga ausencia de 2010 pasó de ganar 20'2 millones de dólares a conseguir sólo 12.

Li empezó 2011 de manera arrolladora: ganó a Clijsters en Sydney y fue finalista ante la belga en el Open de Australia pero luego nos empezó a dar pistas de su manera de acutar. Primera ronda en Dubai, Doha, Indian Wells y Miami. Llegamos a la temporada de tierra y la cosa vuelve a mejorar: semifinales en Madrid, en Roma y triunfo en París pero tras el éxito, de nuevo el fracaso con sólo dos partidos en Wimbledon, otros dos en la Rogers Cup y Cincinnati, un discreto torneo de New Haven y batacazo en el Abierto de EE.UU. con eliminación en primera ronda.

Lo curioso es que este patrón de inconstancias que hemos visto en 2011 es una repetición de lo que vimos en 2010. Empieza el año de manera discreta en Auckland (cae en primera ronda) y Sydney (en octavos ante Flavia Pennetta tras ganar a Caroline Wozniacki) pero alcanza las semifinales del Abierto de Australia, cuartos de final en Dubai y otra vez de bajada: primera ronda en Kuala Lumpur, Indian Wells y Miami. La temporada de tierra no fue tan buena como este año pero estuvo bien y en la de hierba, tras conseguir un título (Birmingham) cae en primera ronda (Eastbourne). No es necesario seguir, en resumen, el "espíritu, carácter y actitud en la vida" de Na Li consiste en necesitar tiempo para digerir la victoria (según ella es por el hecho de ser mujer) pero tener también la capacidad de superar las derrotas.

El problema este año es que tanto ella como sus patrocinadores esperaban ver de nuevo como Na Li revivía tras la derrota ante Simona Halep en Nueva York (tal y como hizo en 2010 cuando perdió en primera ronda de EE.UU. y reapareció en Beijing alcanzando las semifinales) y no como se volvía a estrellar. La china dice que ha perdido la confianza; "en la pista no sé qué puedo hacer", dijo en rueda de prensa tras perder en Beijing ante Monica Niculescu por 6-4, 6-0, y añadía: "Sentía que incluso ganar un sólo punto era demasiado duro para mí. Mi entrenador salió y me dijo exactamente lo que hacía falta pero no yo no podía hacerlo".

Además de a esa falta de confianza personal, Li tiene que enfrentarse también a las críticas de sus compatriotas, que creen que ha pasado más tiempo firmando contratos de publicidad que entrenando. Una presión que se suma a la que le supone a alguien que reconoce jugar por dinero, saber que puede perder muchos millones si sus patrocinadores también pierden la confianza en ella. ¿Será demasiada presión? Tendremos que esperar a Estambul para comprobarlo, si es que llega.

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