Ashleigh Barty representa a toda Australia

La Australia aborigen ya tiene heredera de Evonne Goolagong

Ashleigh Barty es la número 3 del ránking júnior femenino de la ITF (Federación Internacional de Tenis) y la jugadora mejor situada en la clasificación WTA entre las de su edad: 15 años.

Esta joven australiana es el fruto del trabajo que está realizando la Federación Australiana para devolver a esta nación al lugar que ocupó hace ya algunos años. La victoria este año en Wimbledon tanto de Barty en chicas como de Luke Saville en chicos, auguran un gran futuro a un país cuya tradición en el tenis es indiscutible. El trabajo con los más jóvenes es una tarea compartida en la que Australia ha involucrado a sus jugadores más ilustres. Si Patrick Rafter se ocupa del equipo de Copa Davis de categoría absoluta, ayer se anunciaba que Pat Cash iba a hacerse cargo del equipo júnior.

Los méritos de Ashleigh Barty van más allá de ganar en Wimbledon este año; también quedó semifinalista en el US Open y firmó una gran temporada sobre la tierra batida europea en 2010 (de cinco torneos disputados, ganó 3 y llegó a la final de otro). A su corta edad tiene un balance en su carrera de 59 victorias por 12 derrotas.

Barty es una jugadora de la nueva generación de jugadores australianos. Nada de saque-volea sino buenas piernas y grandes golpes desde el fondo de la pista, aunque la joven ha demostrado que es capaz de defenderse sobre cualquier superficie independientemente de la rapidez de la pista. Según ella misma, su mentalidad es tanto su punto débil como su fuerte.

Además de los éxitos puramente deportivos, Barty es ya todo un referente para una comunidad que no ha sido muy bien tratada en la historia de las Antípodas: los aborígenes australianos. Este grupo, a menudo marginado, ya contó con su propia campeona en el tenis de más alto nivel: Evonne Goolagong. La que Barty describe como su "inspiración", ganó siete Grand Slams en los años 70.

Evonne Goolagong

Goolagong procede de una familia del grupo de los Wiradjuri, mientras que Barty pertenece a los Ngarigo pero ambas suponen todo un ejemplo para el pueblo indígena. Han tenido que pasar 21 años para que un jugador de procedencia aborigen ganase en Wimbledon.

Curiosamente, el triunfo de Barty y Saville en Wimbledon este año parece una especie de premonición porque se produce justo cuando se cumplen 40 años de una doble victoria australiana en el Grand Slam inglés: en 1971, Goolagong y John Newcombe ganaban los títulos de individuales.

Poco importa que Samantha Stosur, tras haber ganado el Abierto de EE.UU. hace menos de un mes, caiga en primera ronda de un torneo de menor categoría (acaba de perder en Tokio ante Maria Kirilenko) porque está claro que el futuro de Australia, de toda Australia, está asegurado.

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