Tenistas comentaristas

Algunos han tenido más éxito tras el micrófono que con la raqueta

Es todo un clásico: llega un Grand Slam y durante dos semanas hay una voz que acompaña a la del periodista especializado para dar su opinión, de primera mano, sobre lo que se ve en la pista. Son los tenistas comentaristas, una salida profesional todavía más común en el tenis que en otros deportes.

Normalmente se trata de leyendas de este deporte que prestan su sabiduría para hablar sobre lo que ha sido su vida pero, a veces, también se trata de tenistas menores que descubren tras el micro su auténtica vocación. En España, por ejemplo,Àlex Corretja mantendría el mérito a partes iguales pero en el caso de Tomás Carbonell o el mítico Andrés Gimeno, está claro que el comentarista supera al jugador.

En otras ocasiones, la figura del comentarista no tiene nada que ver con la imagen que teníamos del jugador, como sucede sin duda con John McEnroe. El nortemaericano, que ha trabajado para CBS Sport, ESPN o la BBC, reconoce que en sus comentarios es un hombre sosegado y con sentido del humor que nada tiene que ver con ese McEnroe que se quejaba por todo y rompía raquetas en la pista.

El caso de Jim Courier es el contrario. El tenista era un tipo bastante serio, con la misma imagen que pudimos ver en él como capitán de Copa Davis para EE.UU. Sin embargo, como comentarista, es parlanchín, polémico, divertido y muy expresivo frente a la cámara. Sus entrevistas en el Abierto de Australia a pie de pista son ya todo un referente, tan amadas como odiadas. En esta con Maria Sharapova, no sólo tontea con ella sino que el pregunta sobre lo que ha hecho en vacaciones, sobre moda o sobre qué es lo que busca en un hombre.

Hay algunos tenistas cuya labor como comentarista es en general muy apreciada, como la del propio McEnroe o la de Lindsay Davenport. Otros, como Henri Leconte, se han convertido hasta en personajes de culto gracias a la pasión que transmiten al comentar los partidos.

Lindsay Davenport, muy respetada

La admiración de Leconte por Jo Wilfried Tsonga es más que conocida: neutralidad cero. Le llama "nuestro Mohamed Ali", aunque también reconoce que "es de cristal". Sus explicaciones sobre el juego son originales, sinceras y fáciles de entender, lo que le ha hecho ganar grupos en Facebook que piden que vuelva al Channel 7 en las retransmisiones del Abierto de Australia.

Henri Leconte con Jo Wilfried Tsonga

En esa misma red social, tiene también Greg Rusedski un grupo pero este no es de apoyo; este le nombra el peor comentarista del mundo.

Greg Rusedski

Este canadiense nacionalizado británico, trabaja desde hace años para la BBC con mucho entusiasmo, tanto que su problema parece ser que no se calla nunca. Algo que los seguidores británicos, poco dados al "parloteo", no le acaban de perdonar.

Hay diferentes estilos de comentario. Los del Abierto de EE.UU. y Australia son mucho más enérgicos, con más protagonismo y espectáculo que los discretos y analíticos comentarios de los Grand Slams europeos. Los comentaristas norteamericanos, en especial, son incluso bastante propensos a "meter la pata" y generar polémicas.

Pam Shriver es una especialista en la controversia. La ex-jugadora norteamericana dice que es porque para los hombre resulta más difícil aceptar la crítica y más si viene de boca de una mujer. Sin embargo, no es menos cierto que la comentarista ha pecado en ocasiones de no saber expresar correctamente su crítica.

El incidente con James Blake en Wimbledon 2010 es muy conocido, cuando ella estaba comentando el mal juego del americano y el declive de su carrera. El jugador se giró a la cabina de comentaristas y le dijo que parecía mentira que hubiera sido jugadora porque podía oir lo que estaba diciendo. En el siguiente vídeo podemos ver como Shriver se refiere a Yanina Wickmayer de Bélgica con desprecio al decirle a Caroline Wozniacki que si contra Melanie Oudin ya era favorita, contra la belga lo iba a ser muchísimo más. Eso después de decirle a la americana que normalmente no entrevistan a "los perdedores". Ambas cosas son ciertas pero desde luego Shriver debería cuidar las formas.

Uno de los tenistas comentaristas más polémicos es sin duda Justin Gimelstob. El norteamericano nunca destacó como jugador pero tiene una lengua envenenada que le ha hecho protagonizar titulares en más de una ocasión.

Justin Gimelstob

Sus peores declaraciones han sido las que dirigió contra Anna Kournikova, a la que no sólo insultó directamente sino que dijo que le daban ganas de pegarle un pelotazo en el estómago y que si "por entonces no está llorando, lo habría hecho mal". Además añadió que el tenis femenino estaba lleno de mujeres florero y describió a las profesionales del circuito WTA prácticamente como a prostitutas. No sabemos que le hizo su ex-pupila -entrenó a Kournikova cuando ésta era adolescente- pero sea lo que sea no merece algo así.

Otra de las polémicas entre jugadores y ex-jugadores maleducados más recientes de los últimos años fue la del Open de Australia de este mismo año. Por fortuna para Todd Woodbridge, ex jugador de dobles australiano que formaba con Mark Woodforde la pareja conocida como "The Woodies", la protagonista se lo tomó con mucho humor.

A Kim Clijsters le enseñaron un mensaje que Woodbridge había enviado en el que decía que la belga tenía cara de gruñona y que parecía que estuviese embarazada -algo que la tenista negó. Clijsters aprovechó una entrevista para hacer público el contenido del mensaje ante el sonrojo de Woodbridge.

La "sinceridad" de los comentaristas no siempre se toma con el mismo humor, aunque hay críticas que se convierten en todo un hito e incluso acuñan términos nuevos como "los wilanders".

Mats Wilander fue muy claro, aunque quizás algo duro, con Roger Federer cuando perdió la final de Roland Garros de 2006 ante Rafa Nadal: "Federer hoy, por desgracia, ha salido sin pelotas... no encuentras a muchos campeones en el mundo del deporte sin corazón o pelotas. Puede que las tenga pero contra Nadal se hacen muy pequeñas y no es sólo una vez, es siempre". Wilander se disculpó con el suizo (pese a que hay que reconocer que el tiempo le ha dado la razón) pero la expresión "le faltan Wilanders" ya pasará a la historia del comentario tenístico.

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