Los 'papa-coachs': papás y entrenadores

El circuito WTA está plagado de padres que entrenan a sus hijas

Caroline con su padre Piotr Wozniacki/Foto: Matthew Stockman/Getty Images Europe
Caroline con su padre Piotr Wozniacki/Foto: Matthew Stockman/Getty Images Europe

Piotr Wozniacki, tal y como anunciábamos en puntodebreak el pasado viernes, ha sido el último padre en saltar a la palestra tras haber sido "despedido" por su hija, y lo ponemos entre comillas porque no sabemos muy bien cómo se hace eso de "despedir a un padre".

El circuito WTA, más que el de ATP, está plagado de ejemplos de padres que están obsesionados con convertir a sus hijas en estrellas del tenis. Una tradición que se continúa desde los tiempos de Mary Pierce, Steffi Graf, Jennifer Capriati o Martina Hingis (en este caso una madre, Melanie Molitor, que ya se empeñó en hacer de su hija una gran tenista desde que la llevaba en el vientre), pero que, tras los éxitos de Maria Sharapova y las hermanas Williams, se ha acentuado todavía más.

Existe incluso una página web de la Asociación de Tenis Profesional de Estados Unidos (USTA) que se dedica a ofrecer apoyo y material didáctico a aquellos padres que se encarguen de entrenar a sus hijos. En tennisparentcoach.com se distinguen 5 niveles de padres-entrenadores que dependen de su implicación en el desarrollo profesional de sus hijos: desde el nivel 1, donde los padres sólo se ocupan de llevar a sus hijos a entrenar y jugar torneos, al nivel 5, donde el padre se convierte en entrenador a tiempo completo de sus retoños. Una opción muy criticada por muchos por la escasa libertad que se le concede al niño para poder elegir pero que, debido al alto nivel de competición que hay, si no son los padres los que deciden "crear" a un tenista profesional, no da tiempo de alcanzar el nivel exigido para formar parte de la élite.

En el circuito WTA encontramos ejemplos de todo tipo, algunos con finales felices, pese a lo difícil de esta relación profesional y emocional, y otros que han pasado la frontera de la cordura llegando incluso, como en el caso de Aravane Rezai, a la denuncia y que se pueden repasar en el artículo Padres agresivos en el tenis.

Los ejemplos de "papa-coach" que nos podemos encontrar por el circuito WTA poseen perfiles humanos similares, aunque provenientes de contextos distintos, con un objetivo común: hacer de su hija, la mejor tenista del mundo. Todo un paradigma de esta especie humana son los padres de Maria Sharapova y de las hermanas Williams.

Maria con Yuri SharapovYuri Sharapov se trasladó desde su Rusia natal a EE.UU. con su hija Maria cuando esta contaba con tan sólo siete años, en 1994. La rusa estuvo dos años sin ver a su madre, Yelena, hasta que ésta pudo conseguir un visado para poder unirse con su marido y su hija. Diez años después de que la pequeña Sharapova aterrizase en Florida, conquistó su primer Grand Slam, Wimbledon, con tan sólo 17 años.

El padre de Maria no es ajeno a la polémica, algo que le ha costado a Sharapova el rechazo incluso algunas de sus compañeras de Copa Federación que se negaban a jugar con ella. Su hija ha recibido warnings de los jueces de silla porque Yuri se ha puesto ha dar instrucciones a su hija durante los partidos pero el episodio más recordado fue cuando, en los cuartos de final del Abierto de Australia en 2008 ante Justine Henin, Sharapov lanzó un gesto a su hija como si quisiese que cortase el cuello a alguien. Con una sudadera de capucha y gafas oscuras, hasta la propia Maria reconoció que parecía un gangster.

Yuri Sharapov en el Abierto de Australia 2008

Yuri declaró tras el partido que su gesto significaba simplemente que le indicaba a Maria que terminase con el encuentro pero, entre el momento y las "pintas" del ruso, no es de extrañar que se malinterpretase.

Otro padre-entrenador que también es, como se suele decir, todo un personaje, es Richard Williams. El padre de las hermanas Venus y Serena es un tipo entrañable pero algo exagerado: contaba que nació de una madre soltera con 6 hijos, Julia Mae Williams, lo cual es cierto, pero lo adornaba diciendo que ella trabajaba en una plantación de algodón, algo formaba parte de su imaginación; igual que el hecho de ser un atleta de élite mientras estudiaba, algo que tampoco se ha podido demostrar. Lo que sí es verídico es que Williams y su entonces esposa Oracene Price se hicieron cargo de la formación de sus hijas pequeñas e incluso, desde 1995, Richard decidió prescindir de las academias y preocuparse él mismo de su entrenamiento.

Richard con unas jovencísimas Venus y Serena Williams

Si la historia de Sharapova, la pobre niña rusa que tuvo que abandonar a su madre para acabar convirtiéndose en la deportista mejor pagada, es de guión de Hollywood, la de las Williams también nos valdría para llevar a la gran pantalla. Se dice que Richard decidió alejar a sus hijas de la violencia que se vivía en su barrio de Compton, California, con el tenis. El propio Williams declaraba en el año 2000: "Salí del peor gueto del mundo y sólo quería demostrar al mundo que no importa de dónde vengas para ser bueno en tenis".

La relación de las Williams con su padre, aunque a veces ha tenido que evitar asistir a determinados encuentros para no poner nerviosas a sus hijas, ha sido bastante buena y, desde luego, muy fructífera. En el caso de Marion Bartoli con su padre, Walter, ocurre un poco lo mismo. Sorprende ver como una hija puede mandar a su padre que se vaya de una cancha, tal y como ocurrió este año en su partido de tercera ronda de Wimbledon ante Flavia Pennetta. Sin embargo, Bartoli reconoce que está en el nº9 gracias al tándem que forma con su padre.

Walter Bartoli

Walter Bartoli abandonó su carrera como médico cuando su hija ganó el US Open júnior de 2001 para dedicarse de pleno a sus entrenamientos, los cuales planea muy concienzudamente, tanto que en Roland Garros ya estaba preparando a Marion para la hierba de Wimbledon.

Son muchos los ejemplos de padres que han jugado al tenis de manera más o menos profesional sin un gran éxito, como en el caso de Melanie Molitor, y que luego inculcan su pasión por el deporte a sus hijos, esperando de ellos que logren lo que ellos no pudieron conseguir. No es exactamente el caso de Piotr Wozniacki, que fue futbolista (el hermano mayor de Caroline sí es futbolista profesional), pero sí de los padres de Petra Kvitova, Andrea Petkovic y Agnieszka Radwanska.

Jiri Kvitov y Zoran Petkovic empezaron entrenando a sus hijas en sus respectivos clubs pero supieron retirarse a tiempo y ahora ninguno de ellos se involucra en el desarrollo profesional de Petra y Andrea. Robert Radwanska, sin embargo, sigue obsesionado con la carrera de sus dos hijas: Agnieszka y Urszula.

Robert y Agnieszka Radwanska

El padre de la número 13 del mundo fue noticia por el enfado que protagonizó en Roland Garros este mismo año cuando su Agnieszka "Aga" perdió ante Sharapova en tercera ronda. Tras el próximo Grand Slam, Wimbledon, tanto Aga como su hermana decidieron, igual que hizo Wozniacki, tomarse un descanso de su padre y afrontar la campaña norteamericana, donde Aga ganó el torneo de Carlsbad, con Tomasz Wiktorowski del equipo de la Fed Cup polaco.

Robert no parece haberse tomado la decisión de sus hijas tan bien como Piotr Wozniacki, algo más moderado y resignado que su compatriota. Radwanska se ha pasado el verano soltando "perlitas" a la prensa polaca para decir cosas como que su hija se creía muy lista por unirse a la gente de la Copa Federación pero que esos eran demasiado condescendientes y benevolentes con ella y que ya se darían cuenta de la verdad. Según él Aga cree que su padre es malo y aquellos que le dicen lo buena que es son los buenos pero que él cree que hay que decir los errores en alto cuando se pierde, aunque reconoce que no siempre lo ha hecho de la mejor forma. Hasta aquí le concedemos algo de empatía al señor Radwanska pero es que hay palabras que ya serían duras si las pronuncia nuestro entrenador -independientemente de que sean ciertas o no- pero viendo de un padre...

Robert Radwanska dixit: "Perdona pero hasta ahora Agnieszka no ha hecho nada grande. Sí, sí, no haga como si se sorprendiera. Cuando oigo que en Carlsbad ha conseguido el mejor éxito de su carrera, simplemente sonrío con pena. Lo único que ha hecho es defender lo puntos que consiguió en 2010 pero, en lugar de perder en la final, ganarla. Y si no está de acuerdo con mi opinión, déjala que gane el US Open para escupirme en la cara. Le deseo de todo corazón que lo haga y estaré realmente feliz si lo hace. Si al menos llega a semifinales, me retractaré con placer y diré que esos cambios han valido para algo pero, de momento, aún estoy esperando".

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