Grigor Dimitrov sigue creciendo

El búlgaro no da el pelotazo pero aún va camino de ser uno de grandes

A los medios de comunicación nos encanta crear héroes para después destruirlos. En una época en la que los tenistas ya no tienen que ganar Grand Slams con 17 años (a lo Boris Becker o Michael Chang) y en la que a nadie se le ocurriría retirarse con 26 años como hizo Björn Borg, nos empeñamos encontrar la próxima nueva estrella del tenis mundial para desecharla inmediatamente si no se convierte en leyenda antes de los 20.

Esa es la edad de Grigor Dimitrov, también conocido como "el nuevo Federer" o incluso "mejor que Federer". Eso se decía hace un par de años, cuando el búlgaro acababa de ganar, en 2008, tanto Wimbledon como el Abierto de EE.UU. en la categoría júnior.

Laura Robson y Grigor Dimitrov, ganadores individuales de Wimbledon Júnior 2008

En el 2009 logró clasificarse para el Wimbledon "de los mayores" pero cayó en primera ronda. Este año llegó a la segunda vuelta del Grand Slam inglés y protagonizó, junto a Jo-Wilfried Tsonga, uno de los mejores encuentros del torneo con puntos como este.

Dimitrov puso en apuros al hombre que acabaría eliminando a su ídolo: Roger Federer. Hasta el propio Tsonga era consciente del partidazo que había hecho su oponente y no dudó en felicitarle efusivamente.

Sin embargo, Dimitrov ya llegaba tarde. Había un nuevo chico del que hablar y ese era Bernard Tomic, dos años más joven que él. Ambos son los jugadores de menor edad del Top 100 del ranking ATP, junto al norteamericano Ryan Harrison de 19 años de edad que ha subido al nº94 esta semana. El australiano está en el puesto 68 y el búlgaro no deja de ascender y ya se encuentra en la posición 57 (empezó el año en el nº 105).

En estos momentos Grigor Dimitrov se encuentra en EE.UU. disputando el Farmers Classic de Los Angeles, de donde es el cabeza de serie nº7 y donde acaba de superar en segunda ronda al veterano Tommy Haas. Su siguiente reto es el estadounidense Alex Bolgomolov Jr. que, aunque juega en casa, es en principio un jugador accesible.

Este chico, del que se esperaban grandes cosas, ha ganado este año a jugadores como Andrey Golubev, Nicolas Mahut o Kevin Anderson. En el Abierto de Australia, igual que en Londres, llegó a segunda ronda pero perdió contra Stanislas Wawrinka. Ese torneo sirvió en cierto modo para desinflar la burbuja que se había creado en torno al jugador que ahora entrena Peter McNamara pero que estuvo bajo la tutela de Pato Álvarez, quien dijo que era el mejor jugador de 17 años que había visto nunco.

Antes de Australia, se produjo un incidente en el Challenger de Helsinki del que suponemos que Dimitrov aprendió algo. En un encuentro contra Richard Berankis, Dimitrov atacó al juez de silla, no verbal sino físicamente. Le cayó una multa de 2.000€ y se temió que le impidieran jugar en el Grand Slam de las Antípodas pero finalmente se le permitió disputarlo. Este ataque de soberbia, aunque injustificable, no nos sorprende, ya que la presión que tienen los chavales hoy en día por ser el nuevo Federer o el nuevo Rafa Nadal es enorme.

A Grigor Dimitrov no le pueden pesar las expectativas que se tengan sobre el único búlgaro en el Top 100 de la ATP. De ser así, nos arriesgamos a quedarnos sin puntazos como los que es capaz de protagonizar ante el mismísimo Nadal.

La semana pasada, en Atlanta, Grigor Dimitrov cayó en primera ronda, pese a ser el cabeza de serie nº 3, ante Rajeev Sam, un ex-campeón de este torneo. Veremos si hoy es capaz de superar a Tommy Haas pero, sobre todo, veremos cómo se comporta en el Abierto de EE.UU. La pista rápida es una de sus superficies favoritas y, aunque no es malo sobre tierra batida, es curioso que un jugador del sur de Europa no sienta tanta afinidad por el ladrillo como otros de sus compañeros. Seguramente será porque en las superficies rápidas resulta más fácil "clavar" su golpe favorito: revés a una mano al fondo de la pista. Viendo puntos como este, no nos extraña que sea su golpe favorito.

Aunque André Agassi dijera que Dimitrov será número uno, puede que nunca lo sea. Puede que nunca supere a Roger Federer y puede incluso que nunca lo iguale, pero si Grigor Dimitrov es capaz, durante muchos años, de seguir produciendo golpes como el que acabamos de ver, tiene motivos para seguir sonriendo.

Grigor Dimitrov

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