La silenciosa revolución eslovena

Un pequeño país con una gran aportación al tenis femenino

Eslovenia es un país bastante desconocido para muchos, incluso para sus vecinos europeos. Fue parte de la antigua Yugoslavia hasta 1991 pero, con una guerra que duró sólo 10 días, nadie suele asociar este territorio con Serbia, Croacia, Bosnia, Macedonia o Montenegro. A muchos les cuesta situar esta pequeña nación que, no sólo forma parte de la Unión Europea, sino que también comparte moneda con ella y es la nación con mayor renta per cápita de los países eslavos. Como en la mayoría de países de Centro Europa, los deportes de invierno, como el esquí (Eslovenia es uno de los destinos predilectos entre los amantes del snowboard) o el hockey sobre hielo, son muy populares. Sin embargo, en este país de apenas 2 millones de habitantes, poco más que Barcelona, hay un grupo de jugadoras jóvenes que se están haciendo cada vez más presentes en el circuito WTA.

Katarina Srebotnik con la copa de Wimbledon 2011

Cuando Katarina Srebotnik, nº1 en dobles del ranking mundial, ganó la final de dobles de Wimbledon 2011 junto a la checa Kveta Peschke, muchos medios de comunicación tradujeron de manera errónea SLO por Eslovaquia, y se podía leer en más de un periódico de consumada reputación que "la jugadora eslovaca Katarina Srebotnik... etc.". Pero no, SLO -las siglas en inglés de la nacionalidad que suele aparecer junto al nombre de los jugadores- significa Eslovenia y SVK es Eslovaquia, un país con el que poco tienen que ver los eslovenos.

La misma situación sucedió con Polona Hercog, la jugadora mejor situada en individuales en la clasificación WTA, cuando se llevó el título de Bastad (Suecia) a principios de mes y perdió la final de Palermo frente a Anabel Medina la semana siguiente. Hercog, que conseguía su primer título WTA con este Torneo Internacional sobre tierra batida, ha sido una gran doblista en el circuito júnior y llegó a ganar dos Grand Slams de esta categoría, Roland Garros y Wimbledon en 2008, junto a Jessica Moore.

Polona Hercog y Jessica Moore en Roland Garros 2008

Hay un total de once jugadoras eslovenas dentro del ranking WTA, seis de ellas entre las 300 primeras y otras cinco, nacidas después de 1990, que no están en la clasificación WTA pero ya han disputado algún torneo del tour. Los números no parecen tan espectaculares pero, si pensamos que estamos hablando de un país con una extensión similar a la provincia de Cáceres, lo son.

Polona Hercog es un ejemplo de las limitaciones que tienen los eslovenos que quieren jugar al tenis a nivel profesional. Esta joven de 20 años se tuvo que mudar a Italia a los 14 para dedicarse en exclusiva al tenis; ahora vive en su ciudad natal, Maribor (la segunda más grande de Eslovenia), pero entrena en Budapest (Hungría).

Las jugadoras eslovenas que están entre las 300 primeras del ranking de individuales de la WTA son: Polona Hercog (nº 39, nacida en 1991), Petra Rampre (nacida en 1980 llegó al nº162 en el año 2000, ahora es la nº 221), Masa Zec Peskiric (nº240, 1987), Tadeja Majeric (nº277, 1990), Andreja Klepac (nº 278, 1986) y Nastja Kolar, la más joven de todas, con 17 años cumplidos la semana pasada, y que ocupa la posición 260 del ranking.

Nastja Kolar (foto de Damjan Zibert)

Esta joven eslovena es una de las jugadoras más prometedoras no sólo de su país, sino del circuito WTA. Todavía no tienen ningún título WTA pero ya ha ganado dos ITF y en Bad Gastein (Austria) se clasificó para segunda ronda tras venir de la fase previa.

Eslovenia tiene otras jugadoras que han vivido la transición entre Yugoslavia y la independencia, como Tina Krizan, Tina Pisnik, Maja Matevzic o la propia Srebotnik que nació en 1981. Sin embargo, el número de tenistas nacidas ya en el nuevo estado es mucho mayor, y la culpa de ello la tiene una mujer con nombre propio: Mima Jausovec.

Mima Jausovec con sus trofeos y recuerdos

Esta jugadora nacida en Maribor cuando todavía era Yugoslavia (en 1956) fue ganadora de Roland Garros en 1977, finalista en 1978, semifinalista en el Abierto de EE.UU. en 1976 y en el de Australia en 1980, y nº 12 del mundo en 1983. Además consiguió dos medallas de oro, una en individuales y otra en dobles, en los Juegos Olímpicos del Mediterráneo para Yugoslavia; unos juegos en 1979 donde Jausovec competía en casa, en la ciudad croata de Split.

Mima Jausovec es, igual que ex-jugadoras como Leila Meskhi -directora de la Baku Cup-, una mujer que ha marcado una diferencia enorme en el tenis de su país. Es la entrenadora principal de la selección nacional de tenis femenino de Eslovenia y tiene una academia por la que han pasado muchas de las jugadoras que ahora son profesionales. Esa selección de la que ella es responsable, ocupa el puesto número 16 de la clasificación de la Fed Cup, tan sólo un puesto por debajo de Francia y por encima de naciones con una gran tradición en tenis como Reino Unido (nº 26) o con más jugadoras en el Top 100 como China (nº 25) o Rumanía (nº 27).

En cuanto a los hombres, siguen sin tener tanta representación como las mujeres. Puede que la falta de un referente histórico sea la causa pero todavía hay pocos tenistas eslovenos en el circuito ATP.

Luka Gregorc

Luka Gregoc (1984) fue en 2009 el primer tenista -masculino- de Eslovenia en clasificarse para un Grand Slam, aunque ese año también participó Grega Zemlja (1986). Otros nombres eslovenos que pueden aparecer por las primeras rondas de los torneos del circuito ATP son los de Aljaz Bedene (1989), Blaz Kavcic (1987) o Blaz Rola, aunque éste compite para la Universidad de Ohio.

Eslovenia ha llegado al mundo del tenis tal y como se declaró independiente: sin hacer ruido pero con solidez. Antes de que la mayoría de países que formaban Yugoslavia empezaran a hablar de independencia, desde 1987 en Eslovenia ya se hablaba de separación; las autoridades internacionales no prestaron mucha atención al fenómeno, hasta que, en 1991, Eslovenia se declara independiente y era tomada por el ejército yugoslavo, aunque por fortuna deciden retirarse tan sólo 10 días después. En 1992, la Unión Europea reconoce a Eslovenia como estado; esperamos que pronto se reconozca el mérito de sus chicas.

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