La explosión naranja

Se confirma la descentralización del tenis nacional

David Ferrer y Juan Carlos Ferrero
David Ferrer y Juan Carlos Ferrero

Los logros de los tenistas españoles en los torneos, tanto del circuito masculino como del femenino, del fin de semana pasado, son una nueva muestra de que este deporte es cada vez más popular y de que no es necesario nacer en un determinado enclave del territorio nacional para llegar a la élite del tenis.

David Ferrer fue finalista en Bastad, Juan Carlos Ferrero ganó en Stuttgart y Anabel Medina y Mª José Martínez hicieron lo mismo en Palermo y Bad Gastein. Tres valencianos y una murciana conquistando la tierra batida europea.

El tenis en España, y en general, siempre se ha asociado a las clases más pudientes; se ha considerado un deporte reservado a determinado grupo al que era muy difícil acceder. Para triunfar en el tenis, era casi imprescindible pasar por las grandes capitales: Madrid o, sobre todo, Barcelona.

En los años '60 y '70, se impusieron jugadores nacidos en la capital de España, como Manuel Santana, o de Barcelona: Andrés Gimeno, Manuel Orantes (nacido en Granada pero criado en L'Hospitalet) o Antonio Muñoz.

Emilio Sánchez Vicario y Sergi Casal

Durante la década de los '80 y los '90, el dominio era casi en exclusiva catalán. Parecía que, para jugar a tenis, había que nacer en Barcelona o, por lo menos, mudarse allí. Fue la época de los hermanos Sánchez Vicario, Sergi Casal, Carlos Costa, Tomás Carbonell, Sergi Bruguera, Àlex Corretja o Albert Costa. Las excepciones eran muy pocas y también estaban ligadas en cierto modo a la vida deportiva de la Ciudad Condal, como por ejemplo, Alberto Berasategui (Arrigorriaga, Vizcaya) o Conchita Martínez (Monzón, Huesca).

En Cataluña estaban los clubes de tenis y era lógico que de ahí saliesen más tenistas. Este grupo de profesionales acaparó casi en exclusiva todos los éxitos del tenis español pero también lo popularizaron gracias a la televisión y a carreras como las de Arantxa Sánchez Vicario o Sergi Bruguera.

El punto de inflexión hacia una apertura del tenis a otras comunidades, lo protagonizan, sin duda, dos jugadores con nombre propio: Carles Moyà y Juan Carlos Ferrero. Un mallorquín y un valenciano que parecía que "iban por libre". Moyà venía nada menos que de una isla y Ferrero era un producto, aunque nacido en Ontinyent, 100% de Villena, una localidad que no estaba en Girona ni en Lleida, está en Alicante.

Hoy en día esto nos parece normal y no encontramos ningún problema entre los componentes de la Selección Nacional de Tenis. Sin embargo, en aquellos primeros años del siglo XXI, sí se podía presentir cierta sensación de que los pesos pesados del tenis patrio creían ver en Moyà y Ferrero una especie de intrusismo que costó aceptar.

Albert Costa, Àlex Corretja y Joan Balcells con Juan Carlos Ferrero en la Davis 2000

La victoria de España en Davis en el año 2000 fue fundamental para aceptar que hacía falta un relevo generacional y que éste tenía que venir de donde fuera.

Si Rafa Nadal ha consagrado a Mallorca como referente en el tenis por sus méritos profesionales y su tirón mediático, Juan Carlos Ferrero y David Ferrer han tenido que trabajar también fuera de las pistas. El ATP 500 Valencia Open que ellos organizan y promocionan hasta la saciedad o la academia Equelite que Ferrero tiene en Villena, han ayudado a que la Comunidad Valenciana se asocie sin complejos al mundo del tenis.

Juan Carlos Ferrero y David Ferrer

Cuando tenistas como Nicolás Almagro empezaron a despuntar, no se podía evitar una cierta incredulidad; muchos preguntaban extrañados: "¿de Murcia?". En estos momentos, de los españoles que están en el Top 100 de la ATP, hay 5 catalanes (Tommy Robredo, Marcel Granollers, Albert Montañés, Pere Riba y Albert Ramos), 3 valencianos (David Ferrer, Juan Carlos Ferrero y Daniel Gimeno Traver), y otros 6 de diversos lugares de la geografía española: Rafa Nadal de Mallorca, Nicolás Almagro de Murcia, Fernando Verdasco de Madrid, Feliciano López de Toledo, Guillermo García López de Albacete y Pablo Andújar de Cuenca. Esto, hace quince años, era impensable.

En cuanto a las chicas, ocurre lo mismo. En la formación de las jugadoras de la Selección Nacional Femenina, también se ve una "Explosión naranja", es decir: importante presencia de la Comunidad Valenciana con Anabel Medina, Arantxa Parra (aunque entrena en Barcelona) y Beatriz García Vidagany. Además encontramos a Mª José Martínez de Murcia, Lourdes Domínguez de Pontevedra y Carla Suárez de Las Palmas de Gran Canaria; sin olvidarnos de la catalana Laura Pous y la balear Nuria Llagostera.

En estos momentos, Cataluña sigue siendo la comunidad con más clubs de tenis con diferencia (246) pero ya están cerca Andalucía (185), Comunidad Valenciana (147) o Madrid (109), y llama la atención que Baleares, pese a su tamaño, cuente con 68 clubes, se nota la influencia de Nadal y Moyà.

Ya no nos extraña (o no nos extraña tanto) que un jugador como Guillermo García López, nacido en Albecete y vinculado a Equelite, sea el nº 37 del mundo. Y no sólo eso, las nuevas generaciones siguen "abriendo fronteras" y superan la barrera del Levante, prueba de ello son Guillermo Olaso o Íñigo Cervantes del País Vasco o los jóvenes andaluces Roberto Carballés y Mª José Luque, ganadora de la última edición del Torneo Marca de Jóvenes Promesas que ganó en su primer año, 1997, precisamente Juan Carlos Ferrero.

Aún hay cosas que mejorar y oportunidades que ofrecer, pero está claro que a Madrid y a Barcelona les ha salido un serio competidor en Valencia. El tenis ya no es sólo para señoritos de la capital, ahora también es para los de provincias.

Equipo Davis 2008

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