Historia de los Cambios de Número 1 Mundial

Djokovic amenaza con una nueva dinastía. Los cambios en el primer puesto de la lista de la ATP, el número uno del mundo del tenis, han sido muy frecuentes y muy curiosos

Djokovic, el nuevo emperador
Djokovic, el nuevo emperador

Los cambios en el primer puesto de la lista de la ATP, el número uno del mundo del tenis, han sido muy frecuentes y muy curiosos. Raras han sido las excepciones de tenistas tan dominantes en pistas tan diferentes como la tierra, la hierba, la pista dura o la moqueta, que les haya permitido enlazar varias semanas como número 1 sin ceder ese trono.

El caso de Nadal parecía ser uno de esos en los que su dominio de todas las superficies y, sobre todo, su supremacía en el factor psicológico sobre el hombre que le podía plantar cara en la batalla por el número 1, Roger Federer, le concedía la más que probable posibilidad de mantener su hegemonía durante varios años. Las lágrimas de Roger tras su derrota en Australia 2009 parecían condenarle a un segundo puesto del que no podría salir.

EL ÚLTIMO EMPERADOR

Las circunstancias personales llevaron al español a bajar su nivel en 2009 después de perder su primer partido en París ante Robin Soderling, y no presentarse a defender todos los puntos que había ganado con el título de Wimbledon. Pero La fortaleza psicológica de Nadal, un titán en estas lides, le devolvió al número 1 y a encadenar el año pasado las victorias en Roland Garros, Wimbledon y el US Open. Estos resultados y el demoledor efecto que producía hacer pensar a sus rivales que era un enemigo practicamente indestructible a 5 sets, auguraban un periodo de prosperidad histórica para el balear.

Pero, no. 2011 ha presentado una nueva criatura que ha devorado todas las millas de ventaja que Nadal parecía estar metiendo a sus rivales y de un plumazo y varios raquetazos, Novak Djokovic ha hecho historia al desbancar al mallorquín del número 1 y ser el 25º jugador que consigue tal reconocimiento. Pero esto no acaba aquí. Su impresionante temporada en la que ha ganado toos los partidos que ha disputado,(menos la semifinal en París con Federer), incluído las 5 finales que le han enfrentado a Nadal y sobre todas las superficies, le han concedido una ventaja que será muy difícil de enjugar. Nadal defiende más puntos que el serbio hasta final de temporada y además, la sensación es que no se sabe quién y dónde va a poder derrotar al nuevo rey mundial del tenis.

HISTORIA

A lo largo de la historia las alternancias en el número uno han sido constantes entre los grandes tenistas que ha dado cada generación, cada época.

Al inicio de la era Open, hubo un claro dominador Ilie Nastase. El rumano dominaba con claridad también en todas las superficies y sus rivales no podían acercarse a su puntuación a final de año. Finalmente, el autraliano Newcombe, consiguió arrebatarle en Junio de 1974 la supremacía mundial. Poco le duró al aussie su condición de número 1. La emergente figura norteamericana, Jimmy Connors, llegó para quedarse y afianzar la primera gran racha como líder del tenis.

Pero a Connors le salió un molesto y joven talento que le disputaría su hegemonía, especialmente a finales de los 70 y principios de los 80. No era su bestia negra, era su bestia nórdica. El sueco Bjon Borg lo desbancó en agosto de 1977, tras conquistar Wimbledon. La supremacía de Borg en tierra ya era una realidad desde 1974. En aquel año venció a Manuel Orantes, un gran especialista, y comenzó a amasar su amalgama de títulos en París, hasta 6, con un juego insuperable de fondo de pista. Su dominio en la tierra no se veía reflejado en el tope de la lista mundial porque Connors seguía ejerciendo una tiranía cada vez que el Circuito se disputaba en tierras norteamericanas y australianas. Y aunque sangraba puntos en Europa, mantenía con relativa tranquilidad sus privilegiada posición con buenos resultados en Wimbledon, donde se suponía que los golpes de Borg no le llevarían al triunfo. Craso error.

El sueco evolucionó en su juego y añadió a su espectacular top-spin de fondo de pista el recurso del saque y volea. Suerte que dominó a tales extremos que le llevaron en el 77 a ganar su primer Wimbledon, un mes después de haberse coronado en París por tercera vez. Connors cedió su número 1 sólo una semana. En cuanto el Circuito volvió a tierras americanas Jimmy Connors recuperó la primera posición y supo mantenerla 84 semanas más. Pero el incipiente nórdico no se iba a rendir. Borg comenzó a dominar la lista, pero nunca fue un líder sólido de largos periodos en el trono. Sus ausencias en Australia y su irregularidad en América lastraban sus exhibiciones en Europa. El gran debe del sueco fue siempre Nueva York. Y alguien que quiera mantener el número 1, debe estar arriba en todos los grandes. A Borg también le salió un molesto competidor.

John McEnroe. La nueva estrella norteamericana apareció por primera vez en lo más alto de la lista el 3 de Marzo de 1980. Sólo aguantó 3 semanas el empuje de Borg y la llegada de Roland Garros y Wimbledon. Por entonces los partidos entre el sueco y el americano ya eran una batalla nuclear. Nada de guerra fría. Lo único frío era la mirada y el gesto de "IceBorg". Los dos grandes colosos de principios de los 80, se fueron alternando tal cual marcaba el calendario. Principio de año, Australia, McEnroe. Primavera-verano, Europa, Borg. Final de año, BigMac... Entre tanto, Jimmy Connors, que seguía en activo y testarudo la batalla de las nuevas generaciones, volvió a escena en Septiembre de 1982. La prematura retirada de Bjon Borg, una de las noticias más impactantes de la historia de la ATP, devolvió al veterano Connors a la cúspide mundial. La alternancia entre los dos norteamericanos en el número uno, fue interrumpida por el checo Ivan Lendl.

Su irrupción fue efímera en sus primeras apariciones en lo más alto de la clasificación y tuvo que ir alternándose con McEnroe y Connors. Pero en en septiembre de 1985, cogió las riendas de la ATP y las mantuvo 165 semanas. Lendl, superaba en repetidas ocasiones y en superficies lentas y semi-rápidas a McEnroe. El americano sólo se mostraba superior al checo en hierba. Wimbledon fue siempre el punto débil de Lendl. Pero los puntos que dejaba de ganar en Londres no le impedían comandar la clasificación, dado que, por contra de Borg, él sí dominaba Australia y el circuito americano. Amenazado en su propio país, acabó por nacionalizarse estadounidense y vivió y se entrenó en Long Island con una metodología revolucionaria que le llevó a superar sin tapujos a McEnroe en su propia casa.

EDBERG Y EL JUEGO DE ATAQUE DE PRINCIPIO DE LOS 90.

La hegemonía del checo la quebraron los suecos. A finales de los 80 y principios de los 90, emergieron las figuras de Matts Willander y Stefan Edberg. El primero en arrebatarle a Lendl el número 1, fue Willander.

No obstante, su nivel fue siempre inferior al de Edberg. Willander aguantó 20 semanas el número 1, pero Lendl, ya en la parte final de su brillante trayectoria, lo desbancó para acabar la década de los 80 y comenzar los 90, todavía como monarca del tenís mundial. Y entonces emergió la figura de Edberg.

Ya hacía años que el joven sueco despuntaba en pistas rápidas con su inexpugnable volea. Posiblemente estamos antes el mayor especialista de este golpe. El juego de red de Edberg se hacía insuperable para sus rivales y aunque ganó en todo tipo de superficies, la tierra de París siempre se le atragantó. No ganó nunca Roland Garros, aunque perdió sorprendentemente la final en 1989 ante el jovencísimo Michael Chang. Su dominio del juego de ataque le llevó a ganar 6 Grand Slams, pero sólo Wimbledon, Australia y US Open, dos veces cada uno. Edberg tampoco pudo imponerse en grandes tandas como número uno. Pero tuvo una ventaja. La mayoría de torneos se jugaban en superficies donde su estilo de juego era el dominante. Su problema fue un joven alemán que emergió desde el césped de Wimbledon en 1985.

Boris Becker sorprendió al mundo al llevarse el torneo londinés por primera vez en la historia del mismo, sin ser cabeza de serie y se convirtió en el más joven en conseguirlo con a penas 17 años. Becker fue el primer especialista al que podemos llamar cañonero. El primer gran sacador. sus golpes de fondo de pista no pasaban del bien, pero la bestia se transformaba a medida que se acercaba a la red. Su potencia y flexibilidad, le dieron grandes éxitos. El juego de saque y volea fue el gran dominador de los inicios de los 90. Pero nadie tiranizaba la hegemonía del tenis mundial.

DE REPENTE, UN EXTRAÑO

El dominio de Edberg y Becker, se vio interrumpido por un americano que rompia el molde, (y la bola), del juego de ataque.

Jim Courier llegó a la cima a travésde sus poderosos golpes de fondo. No sólo era capaz de pasar a sus rivales cuando estos subían a la red si no que, literalmente, los acribillaba en los intercambios largos, con una derecha inabordable y un revés poderosísimo a dos manos. Estas armas le llegaron a conseguir Roland Garros en 1991, pero no fue hasta su consagración en Australia cuando abordó el número 1. Sus registros en moqueta y en hierba fueron discretos y por eso no pudo ejercer más tiempo como líder mundial, pero su estilo generó una alarma en los bombarderos y los voleadores.

Curier y Edberg fueron alternándose hasta el 93. Cada vez que el circuito permitía el juego de ataque el sueco reinaba. Cuando la pista era más lenta, la bola de Curier le aceleraba al primer puesto. Y esto hasta la aparición de Pete Sampras.

El americano tumbó al sueco en Australia, pero éste le ganó en Estados Unidos. Y en esas andaba la alternancia cuando otro estadounidense culminó las dudas sobre qué era mejor, el juego de fondo o el saque y la volea. Sampras tiró por el camino de enmedio. Se erigió en el mejor jugador de ataque del momento, superando incluso a Edberg y Becker y elevó su nivel desde el fondo para no dejar fisuras en su juego. Su carta de presentación fue en 1990, cuando ganó el primero de una larga lista de Gran Slams, en Estados Unidos. Para lograr tal empresa, Sampras se llevó por delante en el mismo torneo a Ivan Lendl, John McEnroe y finalmente al jovencísimo André Agassi, haciendo un recorrido histórico por las grandes leyendas del tenis y dejando claro que su lugar en el Olimpo de este deporte iba a ser atemporal. No obstante, aún tardaría 3 años en conquistar el número 1. Pero Pete no lo quería compartir. No había discusiones posibles. Sus golpes planos, su demoledor saque, su derecha devastadora y su revés a una mano, tanto paralelo como cruzado no tenían rival. Fue un maestro en toda suerte de golpes. Un jugador con una técnica insuperable. (Hasta entonces). Al servicio, practicamente irrompible. Y con variedad suficiente para ganar desde el fondo o en la red. Sampras sólo se mostró vulnerable en tierra. Allí su saque no era tan decisivo y los grandes especialistas, Thomas Muster o Sergi Bruguera, pudieron derrotarle. Nunca ganó en París un Roland Garros. Pero su dominio en pista dura y moqueta era insultante y el All England Law Tennis and Croquet Club era un coto privado. Su tiranía en Wimbledon fue brutal. Nadie le discutía en la hierba londinense. Así que pudo mantener su número 1 un total de 286 semanas. En 1995 y 1996 cedió su puesto a André Agassi y Thomas Muster.

Lo del austriaco fue una situación puntual a la que llegó gracias a su dominio en la tierra europea, donde también se mostraba intratable. Lo de Agassi fue algo más que un número 1 anecdótico. El de Las Vegas fue un superclase que tuvo el inmenso infortunio de cruzar con Sampras en su época. Era otro jugador total. Uno de los 4 que ha conseguido ganar los 4 Gran Slams. Era un excelente jugador en todas las superficies y su rivalidad con Sampras está a la altura de los duelos, Connors-Borg, Borg-McEnroe o Edberg-Becker. No obstante, su "face to face" con Sampras fue claramente favorable a su compatriota, que le ganó 4 de las 5 finales de Gran Slam que disputaron. Agassi, sólo pudo derrotar a Sampras en Australia en 1995. Gran sacador y tremendo pegador. Excelente jugador de fondo de pista con unos golpes de tal violencia que hacían estremecerse al público.

Agassi y Sampras dominaron el tenis mundial en los años 90. Con clara supremacía de éste, pero con una alternativa realmente espectacular. En su duopolio, interfirieron especialistas en la tierra. Muster, Ríos, Moyá o Kafelnikov. El austriaco, el español y el ruso dominaron Roland Garros aquellos años, aunque Agassi aprovechó para apuntarse un torneo parisino en 1999, ya en el ocaso de su carrera, durante dos semanas espectaculares que le coronaron como uno de los más completos de todos los tiempos. Los pasos son insignificantes, dado que Thomas Muster, sumando sus dos estancias en lo más alto de la clasificación apenas estuvo 5 semanas, y siempre coincidiendo con su dominio en los torneos de Montecarlo, Roma, Stuttgart, México, Barcelona y París en Roland Garrós. Muster fue un tenista de clase media y sólo determinante y diferente en tierra batida. Sus registros en hierba nunca estuvieron a la altura y su bagaje en los Master 1000 de rápida muy pobre. Sólo disputó las finales de Cayo Vizcaíno en 1989 y Cincinnati en 1997.

Marcelo Ríos, el excéntrico y díscolo Chileno, estuvo liderando la lista 4 semanas en 1998. Ríos era un talento natural del tenis, pero su inconsistencia psicológica le impidió ser alguien más en el mundo de la raqueta. Su talento era superior, en mi opinión, al de Muster, y tenía algunos golpes que le permitían avanzar con más garantías en moqueta y pista dura. Su zurda era un tormento para los rivales y su novedoso estilo le llevaba a desesperar a los mejores. En tierra se codeaba y vencía a los top 10. Ya en 1997 se había dejado ver y había ganado finales de lo que entonces de denominaban Súper 9, los hoy conocidos como Masters 1000. Y llegó a los cuartos de final de Australia y Estados Unidos. Pero para coronarse como número 1, tuvo que esperar a llegar a la final de Australia en 1998, hacer una gran gira oceánica, ganando Auckland y Nueva Zelanda, y mostrándose competitivo en el América, donde se coronó tras ganar Cayo Vizcaíno. Su inconsistencia y las lesiones le dejaron como un brote de viento en el desierto.

También anecdótica fue la presencia de Carlos Moyá como número 1 del ranking. El mallorquín, que dominaba junto a Ríos y Muster la tierra a finales de los 90, emergió con su fantástico y sorprendente torneo de Sidney en 1997, donde sólo el gran Sampras le pudo detener ya en la final. Pero su fuerza sólo era rentable en arcilla y, en cierta medida en pista dura. Sobre moqueta y en hierba sus presataciones eran muy limitadas y con eso se alejaban sus posibilidades de mantenerse en el máxima elite. Se coronó como número 1 tras derrotar a Gustavo Kuerten en Estados Unidos, pero no pudo mantener su estatus. Gran saque, gran derecha y buena volea. Pero algo limitado.

Aún hubieron dos intrusos más en el periodo de hegemonía de Sampras, además de las sabidas alternancias con Agassi.

Kafelnikov se aupó a la cúspide en mayo de 1999. El ruso también era un jugador completo. En el computo general, posiblemente menos talentoso que Ríos y con una derecha ligeramente inferior a la de Moyá, pero con más recursos. (El revés de Moyá era impropio de un número 1). Tampoco destacó en hierba y superficies rápidas, pero se defendía muy bien en superficies medias, (Australia, y las duras del circuito americano), y, sin ser la estrella más rutilante de la tierra, estaba siempre entre los mejores en arcilla. Ganó Roland Garros en 1996 y fue semifinalista en 1995. Su ascenso al número 1 coincidió con su mejor año. 1999, donde ganó Australia y llegó a las semifinales del US Open y de la Copa de Maestros.

El último intruso fue Patrick Rafter. El australiano aprovechó una alineación de los astros para estar una semanita en lo más alto. Un bajón de Sampras, con problemas de lesiones, su título del US Open del 1998 y su final en Wimbledon ese año, le auparon al número 1. Rafter era un jugador voluntarioso, pero muy limitado en su juego de fondo y con auténtica fobia a la tierra. Un tenista de saque y volea con poco más que aportar a la historia de los números 1. Pero, se le puede destacar, como a Edberg o Becker, su capacidad para brillar también como doblista.

La era Sampras acabó a finales de los 90 y ya entrando en 2000.

SAFIN - KUERTEN

En noviembre de 2000 la nueva figura rusa, Marat Safin, se coronó como un nuevo y emergente número 1. Por contra a las apariciones fugaces de estos anteriores, la figura de Safin amenazaba más seriamente un reinado de tronío. Además, Marat llegó al número uno como los grandes campeones, derrotando y derrocando en el mismo partido al vigente campeón, Pete Sampras, y completando una exhibición en Flushing Meadows de dos semanas de tenis soberano. La amenaza de Safin sobre el número 1 no era baladí. Entrenado desde joven en Valencia fue mejorando su condición táctica hasta estar a la altura de los mejores del mundo en 2000. Su técnica fue destacada desde que se dejara ver por el circuito profesional y su imponente físico, alto, potente y atlético, le permitía imprimir a la bola una potencia descomunal, (sacaba por encima de los 230 km/hora), y ser lo suficientemente plástico y ágil en la red.

No obstante, la ausencia de Sampras y la avanzada edad de Agassi, dejó el liderazgo del circuito muy abierto. Safin, no tenía la consistencia psicológica necesaria para ejercer de líder indiscutible y por allí se coló también Gustavo Kuerten. El brasileño, fue otro de los conocidos especialistas en tierra batida. Hizo su aparición en 1997 sorprendiendo a todo el mundo y derrotando a Sergi Bruguera, bicampeón en Roland Garros, en una inseperada final. No fue la única que ganaría. Su dominio en la tierra batida fue contundente en los primeros años de 2000. Su juego de fondo era muy bueno y sus golpes de revés y derecha contundentes. Además tenía un muy buen servicio. Pero la media pista y las voleas no eran lo suyo. Había lagunas en su juego y si hubiera exisitido algún superclase consistente y regular en superficies rápidas su reinado hubiera sido más efímero.

Pero anduvo alternándose con Safin en 2000 y 2001 hasta la llegada de Lleyton Hewitt en Noviembre. En medio, Agassi, en su canto del cisne, acabó su trayectoria en la elite coranado como mejor jugador del mundo en un par de periodos intermedios de 2003. El australiano copó la cima mundial con cierta solvencia en 2001, 2002 y gran parte de 2003. Era, sin más, un jugador muy trabajador, correoso y competitivo en todas las superficies. Esto le valió para desbancar a Safin y Kuerten.

Hewitt batió varios records de precocidad, insisto que en una época de "vacas flacas" con respecto a grandes superestrellas en el panorama tenístico. Fue el más joven en llegar a ser número 1, con 20 años, 8 meses y 26 días. Y el jugador con el ranking más bajo en ganar un torneo ATP. Durante ese periodo dominó las pistas medias, duras y moquetas, aunque se veía superado en tierra por los grandes especialistas, especialmente Guga Kuerten, y en rápidas por jugadores de ataque. Pero su juego era la suficientemente completo y su velocidad de piernas, no tenía rival por entonces. Era el mejor defensor del circuito y sus golpes hacían daño desde cualquier parte de la pista. Parecía que Hewitt podría estar destinado a marcar una época en la primera década del siglo XXI, pero no fue así. Un veterano como Agassi, también completo y con golpes más decisivos que los suyos, le seguía discutiendo en el circuito americano, y en Europa, cada vez que llegaba la tierra le costaba un mundo pisar semifinales. Gracias a esta superficie, de nuevo un español tocó la cima.

Juan Carlos Ferrero se mostró durante unos años como el claro dominador de las pistas de arcilla. Como Hewitt, dominaba los golpes de derecha y de revés y superaba con relativa facilidad a sus rivales en el juego de fondo: Esto le daba la posibilidad de ser un jugador también competitivo en pistas duras. Pero sus giras americanas no eran todo lo brillantes que caben esperarse de un número 1 y su saque no era lo suficientemente decisivo. Merodeó los primeros puestos muchos años, pero sólo estuvo en la cúspide 8 semanas.

Otra irrupción que prometía fue la de Andy Roddick. La violencia de sus golpes hicieron temblar al circuito. Roddick era el mejor sacador del momento y, a pesar de no ser una celebridad por su movilidad en el fondo, sus golpes planos no encontraban rival en pistas rápidas. A pesar de sus pobres números en tierra, Roddick aprendió a sobrevivir en la cima con sus números en América, Australia y su buena adaptación a Wimbledon, donde no pudo hacer grandes machadas si no fuera por tener la desgracia de encontrarse en su trayectoria deportiva con Roger Federer. Roddick, un junior que venía de ganarlo todo y que mostró una progresión alucinante, héroe americano y sex simbol, de repente, vio frenada su escalada con la aparición del suizo.

Roger Federer.

El suizo fue el claro ejemplo de la importancia de la psicología en este deporte. Una jover promesa con un supertalento sobrenatural tardó un par de años en sacar de dentro todo el tenis que albergaba. Que es mucho. Muchísimo. Sus primeros pinitos como profesional quedaron marcados por su irascible carácter y su controvertida manera de ser. En cuanto comienza a enfocar su ira en tenis, y a calmarse, se muestra como lo que ha sido y es. Un gran campeón. Si no es el más grande de todos los tiempos, al menos, le cabe el margen de la duda razonable. El impulso a su carrera se produce en Wimbledon.

Londres era un territorio vetado, un coto privado de caza donde las llaves del éxito sólo las tenía Pete Sampras. En 2001, Federer le tomó la alternativa. Curiosidades de la vida, el suizo no acabó ganando el campeonato, eliminado en cuartos por Tim Henman. Pero ese partido le dio a Roger lo que necesitaba, un golpe definitivo a su autoestima y a su valía. Tras algunos devaneos en 2002, en 2003 ya no había quien lo parara. Arrasó en Wimbledon y su trayectoria no se detuvo hasta que apareció en su vida Rafa Nadal.

Los éxitos de Federer fueron ininterrumpidos durante 237 semanas. Un récord. Era el mejor en todas las superficies, pero no acababa de cristalizar su supremacía en la tierra batida. En moqueta, pista dura y cualquier superficie que no fuera la arcilla, una derrota de Federer a 3 ó 5 sets era curiosidad digna de estudiar por la NASA o National Geografic. Su aparición, por tanto, se preveía como una gran época y cumplió y rebasó todas las expectativas. Sus números son de otra galaxia. 16 Grand Slams. 17 Masters 1000 y 5 veces campeón de la Copa de Maestros. Es un jugador total. Sin fallos. Posiblemente el mejor sacador, el mejor restador, la mejor derecha, el mejor revés y el mejor voleador durante años. No era especialmente bueno defendiéndose. Ni falta que le hacía, llevaba siempre el dominio de cada punto y cada partido. Pero la elite es cruel y el deporte no perdona. Toda fuerza tiene su contraprestación.

En 2005 Rafa Nadal aparece en la élite mundial. De repente, un jugador junior empieza a competir en torneos ATP y no encuentra quien le compita un partido de tierra batida. Vence en todos los Master 1000 sobre esta superficie y gana Roland Garros con una sensación de superioridad pasmosa ante todos los favoritos, incluído Roger Federer. El suizo se hacía cruces. Los años anteriores se las había visto con los mejores especialistas, y cuando, por fin, desaparece Kuerten de París, emerge un jovenzuelo zurdo que le encuentra un agujero en el revés a una mano con su derecha "super-topspin". Lo que pudo parecer un accidente en 2004, cuando Nadal le apeó en primera ronda de Miami, acabó por confirmarse como una epidemia del Suizo. Cada vez que se veían en tierra se llevaba un revolcón, y en pista dura tampoco le econtraba el tino a los golpes del zurdo español. A pesar de ser el único jugador en el Circuito que le ganaba el "face to face", Federer se mantenía con cierta holgura por encima del español, ya afincado como número 2 desde 2006. En pistas rápidas Nadal sufría para llegar a las finales con Roger y el suizo se limpiaba los rivales con la facilidad y el acierto de un cirujano. Esto le permitió al suizo encabezar las listas hasta agosto de 2008. Nadal continuó evolucionando en su tenis. Sus golpes cada vez eran más peligrosos en pista rápida y ya empeazaba a entenderse con la hierba de Wimbledon. Por entonces, verano, Nadal consiguió la machada. Después de ganar Roland Garros por tercera vez sin fallo, y sin ceder un set, emuló las gestas de Bjon Borg para coronarse en Wimbledon. Su vicotoria no sólo le reportó los puntos que necesitaba para derrocar a Federer del número 1, si no que le restaba unos puntos que se le sumaban casi automáticamente a principio de temporada al ver en el calendario la cita londinense.

Las batallas Federer - Nadal, pasaron a ser la Guerra Federer-Nadal. Nadie parecía estar en condiciones de negociar la bicefalia dinástica que tiranizaba el mundo del tenis. Además, la incidencia de los duelos directos, en los que Nadal cada vez se mostraba más y más superior a Federer, daba a entender que el dominio Nadal podría marcar una nueva época. La culminación de estas batallas fueron las lágrimas de Federer en Australia en 2008. Impotente ante el juego de Nadal y aquel "It's Killing Me", entre sollozos.

Pero la alegría va por barrios. La primera derrota de Nadal en París, a manos de Robin Soderling, en una situación física y anímica límite, le hizo renunciar a Wimbledon. Federer aprovechó para ganar los dos torneos y volver a coronarse como número 1.

La vuelta de Nadal no se hizo esperar. Tardó un año en rehacerse y recuperar sensaciones, con ellas las victorias y con éstas el número 1. De la misma manera que Federer monopolizaba los Grand Slams, y los ganaba con aparente sensación de facilidad, Nadal acabó el año pasado arrasando como Atila. Había perdido en Australia ante Murray en un gran partido donde acusó algunas molestias, pero no hubo manera de molestarle más a 5 sets. Su imponente racha lo volvió a colocar en la cúspide.

LA DINASTÍA DJOKOVIC

Bien. Hasta aquí sólo se tenía noticias de los grandes talentos que los jóvenes Murray, Djokovic o Del Potro iban a ser los grandes animadores del circuito. En muchos casos incordios para seguir viendo finales Nadal-Federer, pero parece que la amenaza de el serbio es algo más que fuegos de artificio. Más centrado y con una confianza ilimitada en sus golpes Novak Djokovic ha llegado al número 1 como una SuperNova. En una gran explosión que ilumina el firmamento. Nadie ha encontrado antídoto para Djokovic en 2011. Tras arrasar en Melbourne, y fagocitar los master 1000 más importantes de principio de año, Indian Wells y Miami, tuvo a bien consagrar su órdago al número 1 derrotando a Nadal en tierra tanto en Madrid como en Roma. Ganarle dos partidos seguidos a Nadal sobre esta superficie no es una sorpresa, es una auténtico acontecimiento mundial. Inaudito. Imposible. Hasta entonces. La racha de victorias de Djokovic, enlazadas con el final de temporada pasada empezaba a sembrar pánico en la ATP. Si gana en dura. Si gana en Australia. Si gana en Miami e Indian Wells... y si le gana a Nadal en tierra... ¿quién y dónde le va a derrotar?

Pero el tenis tiene respuesta para todos. En uno de los mejores partidos del milenio, Federer puso rúbrica a tal cuestión en las semifinales de Roland Garros. Pero la máquina serbia no para. En Wimbledon, sin solución de continuidad, se hizo con el número 1 tras derrotar en semifinales a Tsonga, (verdugo del suizo en cuartos), y acabó con todas las dudas sobre su superioridad sobre Nadal también en hierba. No es un número 1 efímero ni un invitado de piedra. Parece que Djokovic ha llegado para quedarse. Sus golpes en ataque son imparables. Ha reducido hasta casi el ridículo su porcentaje de errores no forzados. Está imparable con el saque. Superior desde el fondo y dominante en la red. Le corre la derecha y el revés y se defiende con ahínco. La ventaja de la que dispone le garantiza 10 semanas en la cima. Y su tenis parece augurarle muchas más. ¿Las alternativas? La historia y el tenis nos demuestran que siempre hay una horma para un zapato. Desde luego, es un auténtico anti-nadal, ya que neutraliza su "topspin" como si en vez de bombas le tiraran globos de agua.

Comienza una nueva página en la historia de los campeones. Así que sabemos como empieza este cuento... "Érase una vez..." Pero no sabemos cuándo y cómo acabará... continuará.

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