¿La mejor y la peor de la historia?

La generación del 80 tiene estrellas y fracasos

En la generación del 80, concretamente en los años 1980, 81, 82 y 83, se produjo una especie de alineación de los astros y, en esos tres años, nacieron algunas de las mejores tenistas de la historia.

Talento a raudales y más de 400 títulos WTA concentrados en 12 jugadoras que, durante algún tiempo, dominaron en las pistas, aunque algunas siguen en activo. Además de la lista que detallamos a continuación, también hay que tener mención especial a jugadoras como Anna Kournikova, Alicia Molik y Mirjana Lucic, que sin duda demostraron su talento en las pistas, pero que nunca llegaron a reinar con solvencia en los grandes torneos.

¿Quién es la mejor tenista de esta generación? Atendiendo a los resultados, desde luego habría que pensar en una de las hermanas Williams, pero por encima de títulos, que ahí las americanas arrasan (sobre todo Venus), hay que valorar el tiempo de incidencia en la pista. Martina Hingis tiene, además de títulos, esa presencia casi inalterada, aunque manchada en los últimos estertores de su carrera. La suiza sería la cabeza del iceberg de esta generación que, si bien por la parte de arriba muestra lustre y belleza, también tiene un fondo que demuestra que, en el deporte, no es todo oro, sobre todo en las etapas formativas.

El debate, sin embargo, va más allá, porque si bien es cierto que esa generación de tenistas es de las más fructíferas de la historia del tenis, hay también un pequeño agujero negro en esos años.

Clijsters, Hingis, las Hermanas Williams y sus compañeras tuvieron una carrera fulgurante en la WTA, pero jugadoras de su misma quinta que, durante su etapa en junior, dominaban y reinaban, con el paso a profesionales se han convertido en jugadoras buenas, pero que, desde luego, no eran las dominadoras, férreas competidoras que sí se prometían cuando estaban en los torneos junior.Kournikova se retiró y se dedicó a ser modelo

Casos como el de Virginie Razzano o Aniko Kapros demuestran que pertenecer a una soberbia generación de deportistas no lo es todo. La italiana se tiene que conformar con recibir alguna wild card para acudir a alguno de los grandes, y la húngara viene demostrando los últimos años que su nivel no es el que exhibía en los circuitos júniors.

Otro caso como la húngera y la italiana es, precisamente, una compatriota de Razzano, Maria Emilia Salerni, que se vio obligada a retirarse en 2009 sin llegar a descatar mucho durante su carrera, pese a haber dominado en las series juniors nueve años antes. Como ella, Daja Bedanova, que fue de las favoritas en su etapa pre-profesional y que, una vez consolidada en la lista WTA, no pasó de ser una jugadora normal.

Con ese escenario, la reflexión se hace sola. ¿Se nace o se trabaja? Ambas, desde luego, pero cuando uno mira la cantidad de horas de entrenamiento de las jugadoras que sí consiguieron, perteneciendo a una generación de vastísimo poder tenístico, y mira las coetáneas que se quedaron por el camino, es fácil pensar que el trabajo es la única manera de llegar a mantenerse, y no sólo a ser una luz reflejada en estrellado cielo.

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