US Open 2010: Rafa Nadal, el huracán de New York

Rafa Nadal es un huracán que arrasa en Flushing Meadows. No es el llamado Earl que pronosticaron los servicios meteorológicos, pero es una amenaza constante: está fuerte mentalmente y con su servicio, rubro en el que progresa día a día en el cálido cemento del US Open 2010. El español mandó rápido a casa a Gilles Simon para que pueda ver a su hijo recién nacido y lo hizo mostrando como principales valores el buen juego y la actitud ganadora. No ha cedido ni un set y por eso ya aventura una final con Roger Federer. "Mi objetivo cuando voy a un torneo es jugar lo mejor posible, llegar lo más lejos y si puede ser ganar. Jugar contra Federer siempre ha sido un honor y un placer y ojalá pudiera jugar aquí una final porque es la única que no hemos jugado", decía días atrás.

La Armada pisa fuerte en New York y Rafa Nadal parece ser el mejor exponente. El mallorquín progresa y asombra. Saca en la Arthur Ashe y da miedo. Parece un huracán de carne y hueso. La gente lo admira y los ball boys se cuidan de su cañón izquierdo. Es que Rafa saca y lo hace de maravilla. La bola viaja a 217 km por hora y en cemento esa velocidad es capaz de marcar el camino del éxito. El número uno del mundo confirma sus credenciales en el US Open 2010 y poco importó la reciente paternidad de Gilles Simon: el francés no tuvo ninguna opción ante el uno. El tenista español muestra su mejor versión y el sueño de su primera final en Flushing Meadows cobra cuerpo y forma con el paso de los días. “Creo que estoy jugando mejor, un poco mejor cada día. Jugué un partido sólido. El servicio está bien y es importante. Desde la línea de fondo mis movimientos y mis golpes empezaron a mejorar. Estoy en cuarta ronda y es una buena nueva – sin perder un set – pero hay mucho camino por recorrer. Estoy feliz por donde estoy, pero solamente es la cuarta ronda. Son buenas noticias estar mejorando a lo largo del torneo. Pero necesito seguir por esta línea si quiero tener posibilidades de ganar aquí”, comentaba Nadal tras su victoria ante Simon.

Precisamente su rival, el francés, vivió un momento curioso y especial. Antes de entrar a la pista, enterado de su prematura paternidad, había confesado: "Si gano contra Rafa es genial, ¡pero si pierdo es más genial!". Sinceridad en estado puro. Por su parte, Rafa apelando a un buen humor, prometió comprarle los billetes de avión si era necesario. Y el número uno del circuito, lo terminó haciendo aunque los pagó con tenis y no con dinero a dichos boletos para el galo, quien admitió tras la derrota que le "ha sido difícil concentrarse en los últimos tres días". Aunque: "Creo que estaba jugando bien. Los dos primeros sets fueron agradables. He tenido algunos problemas con mi devolución. Me perdí una gran cantidad de devoluciones. Y luego en la tercer manga, tengo que decir que yo ya estaba en el avión". Suenan emocionantes y verídicas las palabras de Simon, quien ya está donde quiere estar: disfrutando de ese especial momento con su hijo y Nadal soñando con jugar la final ante Federer, algo que parece muy posible. Se viene un huracán, cuidado.

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