Ion Tiriac, el hombre de las mil facetas


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En primer lugar, el hombre de prominente bigote entrenó al entonces número 2 del mundo, el argentino Guillermo Vilas a quien condujo al título de Roland Garros en 1977. Tiriac era, como entrenador, un hombre que tenía controlado absolutamente hasta el menor detalle en la vida del tenista. "Necesitaba a un hombre que se preocupara no sólo del juego, sino de todos los detalles que rodean al jugador. Horarios, entrevistas, hoteles, viajes. Necesitaba un tipo con la experiencia de Tiriac", declaró Vilas años después. Años más tarde, su vida cambiaría el rumbo cuando conoció a un chico de 15 que tenía una técnica rica con la raqueta en sus manos y a quien decidió contratar. El muchacho era un tal Boris Becker. Después de una interminable carrera de éxitos y cuando dejaron de trabajar juntos, Tiriac reconoció que "hice de Boris uno de los deportistas más ricos del mundo. Boris Becker tenía absoluta prioridad en mi vida, era más importante que mi familia", aseguró. En 1987, entre tantas actividades, Tiriac grabó un divertido comercial de cerveza con Bob Uecker, un ex beisbolista y comediante estadounidense. 1990 fue el año de inflexión para la vida del ex tenista y entrenador. Su capacidad para los negocios lo llevó a buscar otras vetas comerciales en donde rápidamente comenzó a crecer, no sólo su figura en el sector comercial, sino sus cuentas bancarias. Dividió su vida. Por un lado, su pasión (y emergente negocio ya millonario) por el tenis lo llevó a dirigir distintos torneos incluidos en el calendario ATP. Su mayor orgullo, el Abierto de Madrid es hasta hoy en día el "quinto Grand Slam", como el lo llama. Además, consiguió la licencia para el Open de Rumania y el torneo de final de temporada, el Masters que lo llevó a disputar a Hannover. La otra faceta de Tiriac, tanto desconocida para algunos, previsible para otros, se encaminó hacia el sector bancario. "Él cree que con dinero se puede comprar todo", dijeron sobre el rumano quienes lo conocieron y padecieron en los negocios. Y era verdad. Ion Tiriac vivía y vive con el signo del dinero marcado a fuego en su frente y todas sus decisiones siempre fueron entorno al vil metal. Tras la caída del régimen comunista en Rumania, el ex deportista funda la Banca Tiriac, el primer banco privado de la era capitalista de Rumania. Este negocio le permitió a Tiriac alcanzar el grado de millonario y entrar en otros negocios, como banca minorista, seguros, automóviles, comercios y el negocio inmobiliario.
















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