La guerra de los sexos: Karsten Braasch vs las hermanas Williams

Todo nació como un reto y llegó a transformarse en guerra. El alemán Karsten Braasch demostró que la igualdad de género es competitivamente imposible en deportes donde implica el aspecto físico. El origen de toda esta historia se lo acredita Bobby Riggs (autoproclamado "rey de los cerdos machistas") cuando, con 55 años de edad, venció a la australiana Margaret Smith Court en 1973, aunque luego perdiera con Billie Jean King, ante un gran revuelo mediático. En 1998, las nacientes hermanas Williams declararon que podrían vencer a un hombre y así poder participar en torneos ATP. La historia cuenta que durante el Open de Australia, ambas hermanas declararon que habían visto a un hombre entrenando y no les parecía mejor que ellas, por lo que tranquilamente podrían derrotarlo. Ese jugador era Francisco Clavet, 32º del ránking mundial hasta ese entonces. Pidieron entonces enfrentarse a cualquier jugador que rondase por el puesto 200 para demostrar que no eran inferiores por ser mujeres. El alemán Karsten Braasch, el alemán de saque menos ortodoxo del circuito, fue quien se hizo cargo del duelo y de la situación. La cita, improvisada, fue en la pista 12 de Melbourne Park. Hubo algunos testigos que pasaban por el lugar, jugadores que no se querían perder el acto y cientos de medios de comunicación. 25 años después se volvía a recrear una "guerra de los sexos" en el tenis y no era poca cosa. Para ellas, se jugaba el honor y el orgullo, Para él, como todo en su vida, era una broma. ni siquiera previó la posibilidad que podría ser ridiculizado por el ambiente, en caso de perder el encuentro. El resultado final, todos lo saben: el primer set fue en favor del alemán por 6-1 frente a Serena. El alemán no jugó a toda máquina y según rumores, Nick Bollettieri, entrenador de las Williams, dijo en medio del encuentro que el alemán estaba "siendo amable con ella". Al término, Braasch, adicto al tabaco, se fumó un cigarrillo con tranquilidad esperando la segunda manga. Con el objeto de vengar a su hermana, Venus fue la que salió en este turno: 6-2 en favor... del hombre, nuevamente. "Jugué como un 500 del mundo y no estaba concentrado. Igual les gané", dijo Braasch al término del encuentro.

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